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Titulares

El Poder para el feminismo

Por Gabriela Dufour *

Somos las feministas las que sabemos de organización horizontal, de transformaciones sociales y  generación de consenso, aún en nuestras diferencias,  somos capaces de instalar nuestra agenda de género en la arena política y pública, con una pedagogía feminista, que pone en el centro nuestros deseos y nuestras subjetividades.

No fue fácil en un mundo en donde la lógica del patriarcado está tan arraigada.

La militancia feminista va más allá de un reclamo concreto, es el modo de transitar la vida que cuestiona las violencias naturalizadas, es el despertar continuo de un movimiento que vino a frenar la misoginia, es saber construir a través del debate, del acompañamiento, y de las propuestas políticas para conquistar espacios y alzar nuestra voz.

Sumamos corazones, cuerpas y escucha a cada lucha hace más de 35 años, en Argentina con los ahora, Encuentros Plurinacionales de Mujeres y Disidencias.

Solo de esa manera es posible caminar y hacer historia. Porque sabemos que nuestras diferencias no nos detienen y lo que nos sostiene es estar juntas con la convicción de que otra humanidad se construye de manera colectiva.

Tuvimos que resistir a un poder patriarcal durante muchos años y aún lo seguimos haciendo. Cuestionar las relaciones de poder, y mandatos sobre nuestros destinos nos condujo a conquistar derechos e igualdad. Esa resistencia nos hizo otorgar centralidad al poder y enfocar la lucha comprendiendo las condiciones socioeconómicas y culturales de la opresión para que nuestra liberación sea el grito unificado en nuestras expresiones de lucha.

EL PATRIARCADO EN CHUBUT

El patriarcado es ese orden social, político y cultural que despliega un sistema de subordinación del hombre sobre las mujeres. ¿Cómo lo reconocemos en Chubut?

Como militante política voy a invitarles a revisar la historia partidaria en nuestra provincia con algunas preguntas:

¿Cuántas mujeres ocuparon cargos por trayectoria propia?

Muy pocas. Sí, muy pocas son las mujeres  que se constituyeran en referentas sin que aparezca un hombre habilitándola o imponiéndola porque le respondería a partir de defender los intereses de ese hombre y no los intereses colectivos, sus convicciones o su ideología. 

¿Cuáles fueron los indicadores de “idoneidad” que nos exigían a las mujeres para ocupar los cargos?

Es lamentable pero las frases “… está loca”, “… no es obediente”, “… esa no te responde” y peor aún las descalificaciones a partir de una supuesto relación sexual, donde aparecen frases groseras, machistas y descalificadoras, son los formatos que muchos hombres utilizaron en el diálogo político, y en particular, cuando comenzaron a aparecer las leyes de cupo o paridad y debían cumplir con esas exigencias propias de las normas de discriminación positiva. 

Cuando analizamos el poder, hay una forma de categorizarlo, que se diferencia en poder sobre y poder para, siendo el feminismo el que se identifica con éste ultimo.

El análisis del “poder sobre”, evidencia dominación en forma sistémica -poder patriarcal- y se refuerza en conceptos tradicionales de distribución de tareas asignando a los hombres las funciones vinculadas a producción y a las mujeres a la reproducción, y desde ese lugar establecen barreras para la participación política y en la centralidad de la toma de decisiones.

Múltiples son las frases donde se refuerza esa división para impedir que las mujeres no seamos cabezas de las organizaciones, gobiernos y ni qué hablar de ser cabeza de las listas para candidaturas. También está atado a la falta de autonomía económica, que ha sido una histórica forma de dominación de los hombres sobre las mujeres.

¿Cuántas mujeres lideraron campañas políticas en Chubut que no respondieran a un hombre o tuvieran un referente varón al lado que fuera el financiador y que condicionará su gestión?

Ya sé, las imagino que mientras leen están poniendo nombre y apellido a este relato en un extenso y multipartidario listado.

Otra interpretación del “poder sobre” aparece con el concepto de poder sobre recursos, que es la capacidad para que otros hagan lo que de otra forma no harían. En este caso, se asimila el poder a los bienes, que se pueden repartir en formas antojadizas y supuestamente justas, confirmando así también la necesidad de la paridad, que garantice el acceso al poder en la esfera pública y la distribución igualitaria.

Y entonces nos preguntamos ¿es suficiente para evitar la opresión, la pseudo distribución formal de cuotas de poder? La historia de Chubut responde que no, la denominada Ley de Cupo, no cambió, por ejemplo, los criterios de selección.  Los hombres a regañadientes cumplieron con las exigencias pero no se visualizó un verdadero empoderamiento de las mujeres. Cumplieron las formas pero no hubo cambios de fondo y si los hay son imperceptibles.

En la política chubutense son incontables las mujeres que se hicieron cargo de los hijos, los hogares y las familias, para que los hombres desarrollaran su actividad política sin barreras, restricciones y que se hicieran cargo de sus familias auto limitados al sustento económico. ¿Esas mujeres fueron reconocidas en sus labores? ¿Obtuvieron una distribución igualitaria de los bienes logrados durante el desarrollo de la actividad de sus maridos o fueron postergadas, discriminadas? Les invito a ponerle nombre y apellido también.

PODER PARA TRANSFORMARLO TODO

Orgullosamente el feminismo o quienes militamos el feminismo, adherimos a la categoría donde reconocemos al poder para, con dos formas de interpretarlo.

  • El poder para cuidado, a partir de reconocer que el ejercicio del poder se hará para empoderar a les otres, revalorizando los conceptos de justicia y organización social, que se hace visible en las practicas feministas. Asumir este modelo de actuación es poner en crisis la idea del poder como conflicto, y erigir  poder a través de la persuasión con fines colectivos, y para construirlo la practica dominante es el consenso para una ciudadanía transformadora, los agrupamientos, las militancias con formas horizontales de acción, para que logren autoconfianza y fuerza para alcanzar sus objetivos. Y así vemos a las mujeres y diversidades, organizadas en la economía popular, como militantes y conductoras en los movimientos sociales, conduciendo los reclamos ambientales, y también son las que demuestran más coherencia en la defensa de los derechos laborales cuando les toca ser representantes de los trabajadores y trabajadoras. Es un actuar más asimilable a la dirección de un coro, que a cualquiera de las prácticas políticas que hemos detallado.
  • La otra forma de interpretar el poder para, es para la libertad de las mujeres y disidencias  con perspectiva feminista. En este caso, está atado a la construcción y reconstrucción de las propias identidades, respectando las percepciones, sin categorizar, sin discriminar, y esa forma de respeto promoverla para comprender al mundo también. J.Butler, una referente en esta perspectiva, nos remarca que luchar para la libertad es resistencia al poder normalizador que intenta imponer sus miradas, sus convicciones, resistir e indignarse cuando pretenden  que todes actúen bajo las convicciones de los que detentan el poder. Incluso con el disimulado ropaje de que “es lo normal”, es lo que “corresponde”, es lo que “está bien”.

A partir de estas definiciones es que decimos que en Chubut el poder es patriarcal con ejercicio pleno, consolidado, y hasta hoy sólo cambiado en algunas formas. A pesar de un sinnúmero de fracasos en muy diversos aspectos de la vida social, comunitaria e institucional.

Los esfuerzos militantes no han sido suficientes para superar la negación del sesgo de género, eje de la luchas feministas, que es la forma de dominación, de imposición, y no hay nada mas político que querer excluir la discusión sobre el feminismo y discriminación de las mujeres y las personas LGTBIQ+ de la participación política, impidiendo el ejercicio pleno de nuestros derechos, y el logro de nuestras autonomías física, económica y en la toma de decisiones.

Nosotras y nosotres estamos conformadas por varias capas, nuestras historias, nuestros vínculos, las estructuras de poder en las que navegamos, y simultáneamente en nuestra vivencia comunitaria experimentamos opresiones y privilegios, conviviendo con identidades múltiples. A partir de revelar estas variadas identidades, incorporamos lo que se denomina “análisis interseccional”, lo que nos permite visibilizar los diferentes tipos de discriminaciones y desventajas que se dan en nuestra vida cotidiana, y nos permite comprender la propia carga y también experiencias diferentes sustantivas para contribuir a que todos, todas y todes puedan disfrutar de sus derechos.

Esta mirada interseccional, contextualizada en Chubut, nos hace reconocer esas otras discriminaciones que suceden en el territorio. La discriminación a nuestros pueblos originarios, con rasgos de desigualdad racial, y reafirmación del colonialismo; la vigencia de un modelo capitalista extractivo que concentra la renta en unos pocos como contraposición  a la necesidad de instalar un modelo de desarrollo inclusivo y sostenible, el vigor que tiene en nuestra provincia un modelo de democracia delegativa, donde el gobernante circunstancial toma decisiones significativas sin respetar la división de los poderes o peor aun  hipotecando el futuro de la comunidad en contraposición a la posibilidad de institucionalizar espacio de profundización democrática incorporando instancias de participación y deliberación de los grandes problemas, instalando espacios de ampliación del conocimiento y movilización social. Y sin que las promesas de campaña asuman el valor de palabra empeñada, peor aún, pudiendo ser en el ejercicio, totalmente contradichas.

Siendo sororas con las compañeras y compañeres, no podemos dejar de señalar una de las materias pendientes entre nosotras y nosotres: la deconstrucción del modelo patriarcal en nuestra actuación política por nuestras congéneres. Revisar nuestras prácticas es una tarea fundamental, eso que se llama “rosca” política, es una característica patriarcal, signada por la oscuridad, la imposición, la dominación; contrariamente, feminismo es claridad, persuasión, consenso. Por eso insistimos, no es suficiente con disponer de cargos para mujeres, lo importante es cambiar la práctica política. Al fin y al cabo sabemos que tenemos el PODER DE TRANSFORMARLO TODO.

*Exministra de Economía de Chubut; exministra de Desarrollo Territorial y Sectores Productivos de Chubut; exdiputada provincial por el Frente Para la Victoria – PJ; y Docente Asociada de Contabilidad de Costos FCE de la UNPSJB.

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