Según datos presentados por la consultora especializada Newzzoo, a nivel global la industria cerrará el año con una facturación por u$s 174.900 millones, con un incremento del 20% respecto año pasado, de los cuales 29% corresponde a juegos para consolas, 22% a juegos para computadoras y 49% a dispositivos móviles.
Si bien en Argentina hay empresas que tienen 20 años dedicadas al desarrollo de videojuegos, desde el sector aún se definen como una industria “incipiente”, en la cual el 80% son micropymes y pymes.
En paralelo a la creación y formalización de compañías, el desarrollo de videojuegos experimenta un modelo de construcción colaborativo similar al que tuvo el software de código abierto, con la creación de comunidades de desarrolladores.
“Argentina tiene unas 20 comunidades, de las cuales 8 se formaron este año durante la pandemia; esta es la industria cultural que no paró de crecer”, dijo a Télam el coordinador de la industria para el Ministerio de Cultura de Nación, Alejandro Iparraguirre.
El rol de las comunidades es “comparable” al de las cooperativas en otras actividades y para entender su relevancia vale señalar que el motor de desarrollo de videojuegos Godot, utilizado y reconocido en el mundo, surgió de una comunidad argentina.
El titular de la Asociación de desarrolladores de Videojuegos Argentinos (Adva), Mauricio Navajas, remarcó el rol de las comunidades que es donde “nacen las nuevas miradas, alimentan a la industria, son la base, un lugar de debate, de opinión, puerta de ingreso al sector”.
Según Iparraguirre en promedio cada una de esas 20 comunidades tiene unas 150 personas, y de ellas la comunidad de Rosario es la más antigua, con cinco años de existencia y 600 personas.
