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Titulares

Mariette Lydis o Marietta Ronsperger, la condesa en busca de revancha

Fue una figura fulgurante que se destacó en más de un aspecto en la vida artística. Emigrada en el 40, tuvo una vida novelesca, la cual no es muy conocida fuera de los cenáculos de iniciados. Su estilo combina el imaginario surrealista con el dibujo al gusto de su época.

Desde su llegada a Buenos Aires, Mariette fue un personaje famoso en la alta sociedad porteña, al que como bien reseña Julia Villaro, se fue tragando el olvido. Nacida en Baden, un pequeño balneario cercano a Viena, en 1887, fue la hija menor de un matrimonio de comerciantes de relojes de origen judío. Su confesa francofilia – ya instalada en el país hablaba, escribía y oía todo el francés posible, la llevo a cambiar su nombre, el Ronsperger original por el más gálico Lydis de su primer marido, y de otro posterior, obtendría su título de nobleza.

Tenía poco más de veinte años cuando se convirtió al protestantismo y abandonó Viena, al casarse con el empresario Jean Lydis. Con el vivió un tiempo en Atenas, pero poco después lo abandonó para irse a Italia. Génova y Florencia fueron ´parte del Itinerario, como también un sonado romance con un escritor. Este, Massimo Bontempelli, adherido al Futurismo e introductor del Surrealismo en Italia, incorporó a Mariette a la bohemia parisina, donde siguió desarrollando su veta artística de la cual se ufanaba ser totalmente autodidacta.

Toda esta etapa en su pintura poco tiene que ver con esa estética de líneas blandas y tonos pastel con que asociamos sus posteriores trabajos, las acuarelas de estilo oriental con que Lydis ilustró El manto de los sueños, la serie de relatos fantásticos inspirados en el taoísmo que el escritor y crítico Béla Balansz publicó en 1921.

Su interés por Oriente y el esoterismo también la llevaría a ilustrar miniaturas para una edición del Corán en 1924, y a escribir y a ilustrar en 1925 El libro de los sueños orientales, un exquisito volumen, en el que explora imaginarios asociados al alfabeto y los signos del zodiaco.

En adelante, detalla Villaro, la ilustración será para la artista una fuente de ingreso económico, pero mucho más también, su ámbito de legitimización desde donde consolidar su iconoclasta trayectoria. París, su tan ansiada Meca, no ha de defraudarla.

Instalada allí desde 1925, trabaja con Joseph Delteil (a quien también la unirá una aventura de corte amoroso) y Henry de Motherlant para ilustrar a los llamados “poetas malditos” Paul Verlaine, Arthur Rimbaud y Charles Baudelaire. Ilustra a Colette, que como ella desafía el anquilosado modelo de mujer que ya para esa época sugiere su ocaso, y entabla relaciones con las mejores editoriales de la época.

En 1934 se casa con el Conde Giuseppe Govone, editor de arte de la casa Le Presses del’ Hotel Sagonne, para la que realiza numerosos encargos. En Paris, Lydis se desarrolla, crece. Expone en Berheim-Jeune, uno de los centros de la vanguardia. En Montmartre se hace amiga del artista japonés Tsuguharu Foujita y forma parte con Suzzane Valadon, Suzanne Duchamp y Tamara de Lempicka de la Sociedad de artistas mujeres modernas (FAM).

La FAM, organizada y gestionada por pintoras y escultoras realizaba exhibiciones anuales en diversos lugares de París, estaba motorizada por artistas que pugnaban, como Mariette, por un espacio propio. En 1936, integra con Pablo Picasso, Odilon Redon, Andre Masson y Diego Rivera, entre otros, la muestra Pintores y escultores modernos como ilustradores en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, integrada por apenas, tres mujeres.

De 1926 es Las Lesbianas, una serie erótica de aguafuertes coloreadas que la consagró como artista de temática lésbica, categoría que no se utiliza para hablar de la obra de similares características de Egon Schille o Gustav Klimt, de apenas unos pocos años antes.

Julia Villaro advierte que el erotismo es una constante en la obra de Mariette; allí pueden encontrarse, además de las mencionadas aguafuertes, las ilustraciones para libros como La canción de Bilitis de Pierre Louys, y Las cartas de amor de una religiosa portuguesa, de Gabriel Joseph de la Vergne.

Es un erotismo suave y algo lúdico, describe Villaro, una sensualidad libre de pudor, pero que corre, sin embargo, subterránea a los convencionalismos de clase y prolifera entre la nobleza más excéntrica. Su otra vertiente la lleva a recorrer neuropsiquíatricos y asilos para enfermos mentales de diversos lugares del mundo para retratar a sus internos. Según su propio relato tiene origen en la asimilación psíquica con un hermano mayor que tuvo fuertes padecimientos de índole psicológicos.

Lydis continúa profundizando sus nichos y vertientes después de 1937, cuando se instala con su amante Erica Marx en Inglaterra, buscando alejarse de una Francia donde ya se percibe la llegada del nazismo. En 1939 se embarca rumbo, nuevamente, a la Argentina. Aquí se instaló en medio de una alta sociedad que se encargó de retratar, aunque todas las facciones no se diferencien mucho ante su mirada. Tuvo alumnos en su departamento de la calle Cerrito, como la artista Estela Pereda, y amigos entre los escritores como Eduardo Mallea y las hermanas Bullrich. Una de sus mujeres de suaves rasgos ilustró la portada del primer número de la revista Anales de Buenos Aires, que dirigió Jorge Luis Borges.

Mientras su cotización sube en el mercado europeo, sin duda la novela de María Gainza, La luz negra editorial Anagrama, cuya protagonista falsifica obras de Mariette la pone decididamente en foco, pero la escritora no fue la única. Curadores y artistas la vienen incluyendo en sus trabajos. La academia y el canon, obligados a flexibilizar sus rígidos conceptos para adecuarse al contexto imperante, replantea sus ópticas valorativas para con los trabajos de Mariette y otras artistas similares. Como dice Julia Villaro, “El tiempo dirá si la condesa tiene su revancha”.

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