Brittany Higgins, que trabajaba en ese momento para Linda Reynolds, entonces ministra de Industria, convertida hoy en ministra de Defensa, aseguró que fue violada por un compañero de trabajo en la oficina de la ministra en el parlamento, después de una fiesta en la que participaron varios miembros del partido.
Higgins declaró a la página de noticias en linea news.com.au que informó de esta agresión a uno de sus superiores y fue invitada a participar en una reunión en la misma sala donde dijo que había ocurrido la violación.
La mujer, que tenía 24 años en esa época y hacía algunos meses que había logrado lo que ella definía como “un trabajo de ensueño”, tuvo durante la reunión la sensación de que sus superiores le daban a elegir entre su carrera o denunciar los hechos ante la policía.
Estos sucesos salen a la luz después de que otros escándalos de agresión sexual, intimidación y acoso pusieran de manifiesto en los últimos años la cruda realidad y la discriminación de las mujeres en la esfera política australiana, reportó la agencia de noticias AFP.
Higgins contó anoche a la televisión australiana que sintió como si la agresión sexual que había sufrido fuera un “problema político” y que percibió claramente el “malestar” de sus jefes si el tema volvía a mencionarse.
El Gobierno australiano dijo en un primer momento que los superiores de Higgins habían animado a la mujer a denunciar los hechos y le habrían manifestado su apoyo fuera cual fuera su decisión.
Un responsable sí admitió que el lugar escogido para la reunión fue, de inicio, un error.
Pero estas declaraciones no lograron eclipsar la indignación suscitada en el país por las declaraciones de Higgins, por lo que el primer ministro dio hoy un giro de 180 grados y se disculpó.
Higgins agradeció al jefe de Gobierno por sus palabras, pero consideró que la reacción había sido “tardía” y que no tendría que haber sido necesario recurrir a la prensa para que las autoridades tomaran decisiones sobre su caso.
“No debería haber una violación en el corazón del poder para que un problema institucional sea tomado en serio”, dijo Jacqueline Maley, columnista en el diario Sydney Morning Herald.
Fuente: Télam
