Rivarola agregó que solo fue un “topetazo” en la canilla sin afectar la zona alta del cuerpo y que además en caso de ponerse en riesgo la vida del policía estaban presentes los dueños del animal y otros policías para evitarlo. “Fue un disparo directo al cuerpo del animal con intenciones de matarlo”, dijo Rivarola. “Hubo un dolo intencional y de allí el abuso de autoridad”, destacó.
Tomando conceptos del policía, el fiscal señaló que el perro estaba de frente. Dijo que si la intención de Saavedra “hubiese sido disuasiva, pudo haber disparado hacia su costado, y lo hizo hacia adelante, de arriba hacia abajo”.
Para fundamentar la trayectoria del disparo, Rivarola se apoyó en las declaraciones de los testigos Hugo Ibañez, que realizó la autopsia en el animal y reprodujo la trayectoria del disparo. También del especialista en criminalística Alberto Enhes.
“Es un hombre entrenado, experimentado en salvar vidas humanas y suficientemente capacitado para el uso de las armas reglamentarias. No es un novato y otros testimonios han demostrado que además no tiene miedo a los perros”, aseveró el fiscal de la causa.
Además, indicó que no se está juzgando las condiciones humanas y profesionales del imputado. “No me caben dudas de su templanza y su profesionalismo, por eso la mayor exigencia al momento del uso de su arma”, esgrimió.
El fiscal general manifestó en alusión al policía imputado que “él mismo dijo en esta audiencia que estaba recargado, trabajando fuera de horario en medio de las exigencias del control de la pandemia en todo el personal policial. Estaba emocionalmente mal. Tuvo un mal día y tomó una decisión contraria a la Ley”, concluyó.
