Inglaterra decidió levantar el 19 de julio el total de las restricciones de la cuarentena que restaban de la fase cuatro, como el uso de los barbijos, que ya no serán obligatorios y la reapertura de clubes nocturnos entre otras medidas.
En ese sentido, el primer ministro británico, Boris Johnson, dijo esta semana que el uso de la mascarilla y respetar el distanciamiento físico dejará de ser obligatorio en Inglaterra a partir del 19 de julio, e instó a los británicos a “aprender a vivir” con el coronavirus mostrándose prudentes.
El anuncio de Johnson concierne sin embargo solo a Inglaterra, ya que Escocia, Gales e Irlanda del Norte deciden sus propias políticas sanitarias y optaron por un desconfinamiento más lento.
Sin embargo Paul Nurse, director del Instituto Francis Crick, un centro de investigación biomédica en Londres, dijo a la cadena de televisión Sky News que no es descabellado que el Gobierno abra más el país dado el exitoso lanzamiento de la vacuna, pero advirtió que no es sensato abrirse tanto y tan rápido cuando el nivel de infecciones está subiendo tan rápido.
Según la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS), el 87,2% de los habitantes en Irlanda del Norte, el 89,8% en Inglaterra y el 91,8% en Gales, tienen anticuerpos ya sea al estar vacunados completamente o por haber tenido la infección.
Pero para el científico, existe el riesgo de que surja “una variante resistente a la vacuna” si casi todas las restricciones de bloqueo se levantan a la vez, y las mascarillas se eliminan al mismo tiempo.
“Esta decisión está informada por la ciencia, pero es una decisión política. Y algunos factores son importantes, como la economía, pero algo de esto podría lograrse manteniendo algunos de los controles en su lugar”, sugirió.
