Más de la mitad de los 239 millones de personas diagnosticadas por COVID-19 en todo el mundo podría experimentar síntomas post-COVID, también llamado COVID largo o COVID persistente, hasta seis meses después de recuperarse. Así lo estimó un estudio científico realizado por investigadores de la Universidad del Estado de Pensilvania en los Estados Unidos y de la Universidad Católica Australiana, en Australia.
Tras hacer una revisión de trabajos ya publicados en el mundo, el equipo de investigación hizo un llamado de atención para los gobiernos, las organizaciones de atención médica y los profesionales de la salud pública: deben prepararse para el gran número de sobrevivientes de COVID-19 que necesitarán atención para una variedad de síntomas psicológicos y físicos después de haber transitado la etapa aguda de la infección por el coronavirus.
Durante la enfermedad, muchos pacientes con COVID-19 experimentan síntomas como cansancio, dificultad para respirar, dolor en el pecho, dolor en las articulaciones y pérdida del gusto o del olfato. Pero la infección puede dejar secuelas después de la recuperación de la fase aguda tanto en los adultos como en los niños, que no estaban vacunados contra el COVID-19.
Para comprender mejor los efectos del virus sobre la salud a corto y largo plazo, los investigadores examinaron estudios mundiales en los que participaron pacientes no vacunados que se recuperaron del COVID-19. Según los resultados, los adultos, así como los niños, pueden experimentar varios problemas de salud adversos durante seis meses o más, después de recuperarse del COVID-19. El estudio fue publicado en la revista JAMA Network Open, de la Asociación Médica Estadounidense.
