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Titulares

DOÑA JUANA DE PERON FUE LA PARTERA QUE INTERVINO EN EL NACIMIENTO DE SU MADRE, MARÍA ROSA LIÑEYRO

“Chiche” Auger: El último guarda hilos de telégrafo de Chubut y un destino ligado con la familia Perón

Roberto “chiche” Auger, de 88 años, uno de los pobladores más antiguos de Camarones, es el último guarda hilos de telégrafo de la provincia de Chubut. Recorría a caballo 100 kilómetros al norte y al sur de Camarones, cuando fallaban los hilos del telégrafo y peligraba la comunicación entre los pueblos vecinos. Comenzó en su juventud en los años ‘60 y recorrió leguas a caballo hasta la década del ‘80, cuando los equipos de radio remplazaron al telégrafo.

Roberto Auger proviene de una larga tradición familiar ligada a los orígenes del correo, y su destino está marcado por la cercanía de las tierras de sus abuelos con el campo de la familia de Juan Domingo Perón, que se radicó en Camarones en 1900, el mismo año de la fundación del pueblo, y en 1920 se mudó a Sierra Cuadrada cerca de Comodoro Rivadavia.

Camarones, desde su fundación, se convirtió en una de las puertas de puertas de entrada de la inmigración europea en la Patagonia. Las primeras familias que desembarcaron se asentaron a pocos metros de la costa, donde levantaron el almacén de ramos generales, el primer hotel, galpones y depósitos de lana, ubicados a pocos metros del desembarcadero.  La mayoría de la mercadería llegaba en barco desde Buenos Aires, y tardaba entre cuatro y seis meses.

En 1909 se fundó en Camarones la primera sociedad Rural de la Patagonia. La vida del pueblo estuvo vinculada desde los comienzos con las estaciones del correo y el telégrafo. Por aquellos años, habían instalado dos puestos de en Cabo Raso y Dos Pozos, donde la gente de campo iba a buscar la correspondencia.

A mediados de siglo pasado, los estancieros de la zona concretaban a través del telégrafo la compra y venta de lana y de ovinos con empresarios que en su mayoría venían de Buenos Aires. Poco y nada se sabía de los números de las ventas que se manejaban a sobre cerrado. Lo único que figuraban eran los apellidos que, por lo general, eran siempre los mismos.

Oficina de correo de Dos Pozos, donde los estancieros iban a buscar la correspondencia.

 “Los compradores de lana se manejaban por telégrafo; se sabía quién era el comprador que venía, de Buenos Aires casi todos, y después los negocios no salían. Los que hablaban eran los estancieros de acá para que sepan cuánto se pagaron y no se queden cortos los otros”, recuerda Auger.

 El guarda hilos del telégrafo salía a caballo sin más que un poncho, una frazada, y unas pocas herramientas a la estancia “La Maciega”, al norte de Camarones, donde hacía la primera parada.  A veces, la falla estaba en Cabo Raso o en Dos Pozos, donde era común que los puestos quedaran desiertos.  

Cada puesto en la zona tenía un jefe y un guarda hilos; cuando este último dejaba el puesto vacante pasaba algún tiempo hasta que alguien lo remplazaba. Es así que Auger debía seguir adelante rumbo a aquellos lugares remotos donde se quedaba a dormir a la intemperie.

Auger tardaba un día entero en llegar hasta “La Maciega” a caballo, y, si tenía que seguir hasta Cabo Raso, el trayecto se prolongaba un día más. A veces, se quedaba a dormir en “La Maciega”, y si no prefería estar “más tranquilo” en medio del campo tapado con una frazada y un poncho.

“No la pasaba bien si tenía que dormir en el recado con una frazada y un poncho buscando reparo”, recuerda chiche Auger las noches de viento y frío que atravesó en medio del campo, “pero el cuerpo se acostumbra”, agrega y sonríe.

En el pueblo cuentan que, por aquellos años, era común que los hombres a caballo prefirieran la soledad del campo -incluso a pesar de las nevadas-, antes que pernoctar en las estancias donde tenían que convivir con otros paisanos.

Camarones, lugar de paso entre Trelew y Comodoro Rivadavia, nunca quedaba incomunicado del todo. Había cuatro hilos de telégrafo y, en caso de que fallaran uno o dos, siempre quedaban las otras líneas disponibles. Las órdenes venían de Comodoro Rivadavia cada vez que detectaban una falla en el telégrafo. Auger recorría vastas superficies hasta detectar el lugar exacto donde estaba el desperfecto.

En los crudos inviernos patagónicos, era común que la nieve se acumulara en la cruceta de los postes. El guarda hilos se la ingeniaba para empalmar los cables con las pocas herramientas que podía llevar: un aparejo, alambre, pinza y una llave de cocodrilo.

 “JUANCITO, EL CAMPEON”

En la primera década del siglo XX, seguramente nadie en Camarones pensaba que “Juancito”, hijo de Mario Tomás Perón y Doña Juana de Perón, iba a ser tres veces presidente de la Nación, y a fundar el movimiento Justicialista, que a marcaría el devenir de la historia de nuestro país.

Juan Domingo Perón de niño en Camarones junto a su madre, Doña Juana, y las hermanas Verdeau, de una familia tradicional de la localidad.

La historia que vincula a la familia de “chiche” Auger con los Perón comienza en 1900, con la llegada del jefe de Correos y Telégrafos de Cabo Raso, el holandés de Laat, cuya hija se juntó con un inmigrante de La Coruña, Juan Ramón Liñeyro, y se mudaron al establecimiento “El Salitral”.

Hasta el día de hoy no se sabe cómo ni dónde se conocieron Juana de Laat, una joven que ya había trabajado en la fábrica Bagley, en Barracas, y Juan Ramón Liñeyro, quien llegó a esas tierras de la mano de su hermano, Jesús Liñeyro, propietario del campo “La Mujiana”.

Juana De Laat dio a luz en 1912 a la madre de Roberto “chiche” Auger, María Rosa Liñeyro, con la ayuda de Doña Juana de Perón, su vecina, quien a fuerza de voluntad se había convertido en la partera del pueblo y los lugareños acudían a ella para resolver toda clase de problemas. Liñeyro y Juana de Laat tuvieron seis hijos además de María Rosa.

Doña Juana de Perón había cobrado notoriedad por curar los empachos con “medida”, y era una mujer muy querida y respetada en Camarones. El pueblo entonces tenía poco más de una década de vida: no había centro de salud y probablemente ni siquiera contaban con un médico.

La madre de Perón y Juana de Laat entablaron una estrecha amistad en la soledad de esas tierras patagónicas.Juan Domingo Perón –“Juancito”- se marchó de su casa a los ocho años para seguir sus estudios en Buenos Aires, y regresaba con su hermano mayor todos los veranos a Camarones, donde se hizo fama de “campeón” en las carreras de caballos y se vinculó con la vida de los peones rurales.

“Sabían venir cuando estaban de vacaciones al campo de los padres; corrían carreras para el 25 de Mayo, y Perón era siempre el campeón, era experto en andar a caballo”, cuenta Auger.

Según fuentes del Museo de Perón, no hay registros históricos fehacientes de que Perón haya ganado carreras de caballo, pero sí hay testimonios de pobladores antiguos que aseguran que “Perón aprendió a andar a caballo antes que a caminar”.

EL LEGADO DE PERÓN

“La gente de campo quería mucho al gobierno de Perón porque hizo mucho por los humildes. Los peones en las estancias dormían en galpones, y él les hizo hacer pieza y cocina para que vivan cómodos, y tenían que cumplirlo”, asegura Auger que Perón conocía la realidad de los peones rurales, porque había convivido con ellos en su infancia.

De hecho, Auger recuerda que cuando Perón fue electo presidente en 1946, muchos pobladores lo celebraron con entusiasmo, porque lo sentían como un paisano más de ellos, y su derrocamiento en Golpe del ‘55 generó mucha tristeza y desazón.

Datos históricos recabados en Camarones señalan que en 1945 los vecinos Jorge Verdeau, Juan Tolosa, Antonio Rabal y Vicente Luca Muro, ya habían peticionado a Perón el agua corriente energía eléctrica y la construcción del muelle.

Los servicios públicos llegan a Camarones durante los sucesivos gobiernos de Perón, quien le dio un fuerte empuje a Camarones, el pueblo de su infancia. Esa impronta quedó plasmada en las construcciones características de piedra que se pueden ver hoy en el pueblo.

DE MADRYN A CAMARONES, EN CARRETA

La familia Perón llegó a Camarones en el 1900, el mismo año en que se fundó el pueblo, cuando Juan Domingo Perón era un niño de cinco años y tenía un hermano mayor, Mario Avelino Perón, quien tuvo descendencia en Comodoro Rivadavia.

Mario Tomás Perón llegó a trabajar primero en la estancia “La Maciega”, junto con su mujer y sus dos hijos, y al cabo de un tiempo se instaló en un campo lindante con “El Salitral” –hoy denominado “Piedras Blancas”-, donde vivían Liñeyro y Juana de Laat.

El padre de Perón, un apasionado de la ganadería, se cree que llegó a Camarones con unas 500 ovejas en arreo, proveniente de la provincia de Buenos Aires. Perón arribó en buque con la mujer y los dos hijos a Puerto Madryn, y de ahí se trasladaron en carreta a Camarones, según fuentes del Museo de Perón.

Los Perón vivieron en una casa en Camarones hasta 1920, que varios años después se quemó por completo en un accidente doméstico. En algún momento, surgió la versión que el incendio habría sido provocado intencionalmente, pero los investigadores lo desmintieron. En 2008 el ex gobernador Mario Das Neves instaló una réplica de la vivienda, ideada por los vecinos del pueblo, cuando inauguró el Museo de Juan Domingo Perón.

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