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EXCLUSIVO DE METADATA

Sacan a la luz en Trelew el expediente del secuestro de Ramos Otero y renace el mito de Butch Cassidy y Sundance Kid

La Biblioteca Popular Agustín Álvarez de Trelew digitalizó el expediente del secuestro del estanciero Lucio Ramos Otero, del juzgado federal de Rawson (1912), que permaneció durante décadas en la caja fuerte custodiado por el ex director César Rago.

 El documento histórico, que sobrevivió un siglo y se salvó de que lo quemaran, incluye cartas traducidas de los bandoleros Butch Cassidy y Sundance Kid, cuando pasaban sus últimos días en Cholila acorralados por el gobierno de los Estados Unidos, cruzaron a Chile y desaparecieron.

El juez de la causa, Luis Navarro Coreaga, al seguir los pasos de la banda de forajidos que secuestraron a Ramos Otero en 1911, dio con las huellas en Cholila de Butch Cassidy -alias Santiago Ryan- y Sundance Kid y su esposa, que en la Argentina se hacían llamar Harry y Ethel Place.

La historia del expediente encierra un misterio tan grande como el tesoro de Butch Cassidy y compañía. Hay una leyenda que dice que los gobiernos militares lo mantuvieron oculto en los años 70, porque “la Argentina no es tierra de forajidos”.

El documento llegó a las manos del juez Alejandro Godoy en 1972, el mismo que intervino en la fuga de los presos políticos de la Masacre de Trelew, cuando fueron detenidos en el aeropuerto.

Al parecer Godoy rescató el expediente antes de que fuera quemado junto con otros papeles del Juzgado Federal de Rawson, y se lo dio a José “Cata” Romero, un conocido ex policía y abogado penalista de Trelew.

El expediente pasó por diversas manos –algunos lo fotocopiaron, otros lo tuvieron en su casa- hasta que Romero, promediando la década del ´90, se lo entregó al director de la Biblioteca Agustín Álvarez, César Rago.

El historiador Marcelo Garivati, autor del libro “Buscados en la Patagonia”, llegó a Puerto Madryn en 1994, se contactó con Romero y Rago, accedió al expediente, y escribió la historia no contada de Butch Cassidy y los bandoleros norteamericanos.

Romero y Rago hicieron un comodato a partir del cual la custodia del expediente quedó en manos de la biblioteca Agustín Álvarez. No hay ningún rastro de ese documento. Entre los papeles deberían estar dos cartas de Butch Cassidy, de puño y letra, una joya preciada para buscadores de oro.

La Biblioteca Agustín Álvarez ahora sacó a la luz el documento original, y lo digitalizó para que pueda ser objeto de estudio. Los papeles originales son conservados en la caja fuerte.

Documento de la época al que accedió Metadata.

El expediente concita el interés de investigadores de los Estados Unidos, Bolivia y Paraguay entre otros países, donde se supone que la legendaria Wild Bunch dejó su huella.

Esta es la historia de los últimos días de Butch Cassidy, Sundance Place y su esposa Ethel en Chubut antes de que cruzaran a Chile, liquidaran sus bienes y se convirtieran en un mito viviente.   

 LOS SOSPECHOSOS DE SIEMPRE

Butch Cassidy, Sundance Kid y Ethel Place están acorralados en las montañas, a unos kilómetros de Cholila, donde se han ganado entre sus vecinos galeses una reputación de honorables ganaderos norteamericanos; como tantos otros cowboys reclutados por el inglés George Newbery para hacer grande la Patagonia.

Otra vez tendrían que cambiarse el nombre. Nunca más nadie sabría de ellos. Ni siquiera si están vivos o muertos. Los Pinkerton’s están al acecho. El detective Frank Di Maio les estaba pisando los talones. Había desembarcado en Buenos Aires proveniente de Nueva York –el rumor les habría llegado de algún baqueano-, y no podían correr riesgos. 

¿Habría entrevistado al odontólogo inglés Newbery? ¿Los habría delatado? Poco y nada quedaba de los planes de Newbery de hacer una colonia de norteamericanos.

“My dear friend”, pensó Butch Cassidy en Daniel Gibbon, su hombre de confianza, el que se encargaría de arreglarles los negocios antes de que los forajidos cruzaran a Chile y desaparecieran sin dejar rastro.

“Páguele lo que usted me debe a Dan Gibbon, como yo he percibido de él la suma de 285,44 pesos. Nosotros salimos hoy. Con mi mejor estima”, le escribió Butch Cassidy a su vecino, el ex sheriff John Commodore Perry, quien había llegado a Cholilia como él para buscar una vida tranquila junto a las montañas y los lagos en los confines del mundo.

La carta está fechada el 1º de mayo de 1905 y la firma Santiago Ryan, el mismísimo Butch Casidy, uno de los hombres más buscados de los Estados Unidos. 

El 19 de abril de 1905, Butch Cassidy le había escrito a su amigo Richard Clarke que le hiciera el favor de “entregar los vestidos que le he ordenado a Gibbon y cóbrele a Dan todo lo que le debo”.

Pedido de recompensa para encontrar a Butch Cassidy.

En la misma foja del expediente figura la contabilidad de pagos realizados por Ryan y Place a peones, compras de madera, legumbres, un viaje por el lago y mercadería del almacén, entre otros gastos.

Ambos documentos traducidos al castellano, están incluidos en el expediente del secuestro del estanciero Ramos Otero, iniciado por el Juzgado Federal de Rawson en 1912.

Un año después, el presidente Roque Saenz Peña creó la Policía Fronteriza y le asignó a Mateo Gebhard, un austríaco implacable, la misión de terminar con los bandoleros que sembraban el caos en el sur del país.

 NO ES PAÍS PARA DÉBILES

La Argentina no estaba hecha para hombres y mujeres que pretendían llevar una vida honorable. Eso pensaron –quizá- Santiago Ryan, Harry Place y su esposa Ethel cuando empezó a correr el rumor que ellos eran los temerarios bandoleros de la “pandilla salvaje” que había asaltado bancos y  trenes en los Estados Unidos.

La foto de Sundance Kid y su bella mujer Ethel Place los había delatado. Eso dice la leyenda. Exceso de confianza. El gobierno de los Estados Unidos había dado con una pista de ellos. Los Pinkerton´s iban a la Argentina a la caza de la recompensa. La suerte de los ganaderos de Cholila estaba echada.

El expediente de Butch Cassidy y los bandoleros de la Patagonia, iniciado por Frank O´ Grady, del Ministerio del Interior de la Nación, señala que la banda llegó a Trelew y partió al oeste donde se radicaron entre 1903 y 1906, y en ese lapso se habrían reencontrado con su compañero de aventuras, el temerario Harvey Logan.

El informe –redactado en inglés- describe a “Etta” Place como una mujer muy alta, bella, que sabe montar a caballo, impostora, seductora y experta en disparar revólveres. El gobernador Julio Lezana no pudo resistirse a bailar con esa mujer enigmática en una velada en Cholila. Nadie podía imaginar que los tres ganaderos ejemplares eran los sujetos más buscados de la Wild Bunch.

 LOS PINKERTON´S SALEN A LA CAZA

El sobrino nieto del legendario Sundance Kid, el historiador Michael Sundance, en su visita en 2007 donó al Hotel Touring de Trelew el informe de la Pinkerton´s National Detective Agency, que luce en el cuarto de Butch Casidy junto con la foto de Sundance Kid y su mujer Ethel Place que los sentenció de muerte.

El reporte dice que en septiembre de 1900 dos hombres con revólveres y otro con un rifle Winchester entraron al First National Bank de Winnemucca, Nevada, redujeron a cinco empleados y se llevaron 32.640 dólares, la mayoría en monedas de oro y el resto en billetes.

El documento que donó Michel Sundance, traducido al castellano, dice que Butch Cassidy, Sundance Kid y su esposa Ethel, huyeron a la Argentina en febrero de 1901, y se afincaron -con nombres falsos- en la colonia 16 de octubre, gobernación de Chubut, donde se dedicaron a la cría de ganado.

El tercer hombre, Harvey Logan, alias Hurvey Curry o Curry Kid, fue condenado a 20 años de prisión por cometer asaltos a bancos y trenes en 1901, pero dos años más tarde escapó de la cárcel de Knoxville, Tennessee, y se sospechaba que se había fugado a la Argentina con Butch Cassidy y sus secuaces.

El expediente del secuestro de Ramos Otero señala que el forajido tiene una condena de 130 años de prisión por varios crímenes y asaltos a trenes y bancos.

 LA FUGA WESTERN DE CURRY

Nunca se supo con certeza si el temible bandido Harvey Logan estuvo en Cholila con Butch Cassidy, Sundance Kid y Ethel Place. Al parecer Daniel Gibbon horrorizaba a sus vecinos diciéndoles que uno de los killers más peligrosos de los Estados Unidos estaba viviendo entre ellos.

En el expediente del secuestro de Ramos Otero figura un reporte que asegura que Logan, alias Curry Kid, se había fugado a la Argentina. El informe de Curry, que reporta a Washingon D.C, es profusamente elogioso de su carrera criminal.

 “Curry se distingue por tener la carrera criminal más larga de los Estados Unidos. Ningún riesgo ha podido acobardar a este intrépido bandido. Tiene siete homicidios a su crédito en los Estados Unidos. El robo más grande en el que tomó parte fue cerca de Wagner, Montana, en 1901 cuando con Butch Casidy y otro atacaron un tren del norte y robó 41.500 dólares en billetes de banco del coche expreso”, dice el reporte.

La historia de Curry Kid parece sacada de una película de Hollywood. La escena de la fuga de la cárcel de los Estados Unidos está narrada en el expediente.

-Che, Bill, hay una araña que se sube por tu saco, déjame cepillarlo-, le dijo Harry al guardia cárcel del otro lado de la celda. Cuando el hombre le dio la espalda Curry lo ahorcó con un alambre.

-¡Pronto, sacá el revólver y dame la llave!, si no quedarás estrangulado con este alambre como un ratón en la trampa- le apuntaba Curry al guardia con un cuchillo mientras arrastraba al otro policía con el alambre en la garganta.

Curry amordazó al guardia, abrió la puerta, pasó caminando junto a la oficina del sheriff y se marchó.

– ¿Quién era este hombre? -le preguntó el sheriff a su ayudante.

-No lo he visto bien, ¿por qué? – le respondió.

-Porque es muy parecido a nuestro preso, Curry- reparó el sheriff.

A todo esto, Curry estaba en el establo, detrás de la cárcel, y lo obligó al cuidador a que ensillara el mejor caballo en el que salió disparado y le hizo una reverencia con el sombrero a los oficiales que ahora se daban cuenta de que se estaba escapando.

“Los viejos vecinos de Montana que recuerdan a Curry como un joven quieto y laborioso, 25 años después, se verán sorprendidos con la serie de acontecimientos que hicieron de Curry uno de los bandidos más notorios de la Argentina”, dice el prontuario de Curry Kid cortesía de los norteamericanos.

 EL LARGO ADIÓS

El comisario Edward Humphreys se negó a arrestarlos y pagó el precio. Ryan y Harry y Ethel Place eran hombres y mujeres respetables, prósperos ganaderos, queridos por los peones, paisanos de los galeses. Nunca pudieron haber dado el golpe al banco de Río Gallegos. Todos los habían visto en Cholila con la hacienda. Eso decían en el pueblo. Nadie podía creerlo. 

John Commodore Perry, el vecino, ¿justo él iba a tenderles una emboscada como en los tiempos en que era un sheriff del lejano oeste?

El destino de Cassidy y compañía dio un giro inesperado cuando comenzaron a sucederse los golpes de bandas de norteamericanos en diversos puntos del país. Los tres figuraban en las portadas de los diarios porteños.

Los viejos buenos tiempos de los cowboys se estaban apagando. Las ciudades bullían con la llegada de inmigrantes en el nuevo siglo. Los Pinkerton´s multiplicaban las agencias en los Estados Unidos. La modernidad los empujaba cada vez más a la frontera. 

A finales de junio de 1905, un mes después de que Butch Cassidy enviara la carta desde el refugio de montaña, Sundance Kid le escribe a su fiel amigo Daniel Gibbon desde Valparaíso, Chile, para anunciarle que se va a San Francisco, California, le confiesa que no quiere volver a oír de Cholila y se despide de él para siempre.

Querido amigo:

Escribimos para que sepas que hicimos el negocio bien y recibimos el dinero. Llegamos aquí hoy y pasado mañana la señora y yo salimos para San Francisco. Siento mucho Dan que no pudimos llevar con nosotros la marca R, pero espero que puedas llevar lo suficiente para pagar las incomodidades. Deseamos que te ocupes de Dany y su esposa y verás que ellos no sufrirán de ningún modo, y sé bueno con el viejo (…) No deseo ver Cholila jamás, pero pensaré en ti y en todos nuestros amigos, y queremos darte nuestros buenos deseos. Adjunto la canción Sam Bass que prometí escribir. Como no tengo más novedades termino rogando que les hagas llegar buenos recuerdos a nuestros amigos, sin olvidar a Juan y a Wencelaw, a ellos dales nuestra estima y buenos deseos, guardando una buena porción para vos y tu familia.

Tu amigo de verdad, H. A Place.

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