El gol fue convertido por el juvenil delantero Alejo Véliz, de cabeza, en el epílogo del primer tiempo y selló la historia del clásico.
El final encontró a los jugadores “canallas” en un festejo “de campeonato” en el medio de la cancha, que continuó hasta la popular de Regatas primero, y a la de Génova después, en una explosión de alegría que desbordó el Gigante de Arroyito y que sólo comprenden los participantes del clásico rosarino, uno de los más apasionantes del país.
Y Carlos Tevez, que dirige a Central hace apenas cuatro partidos, se ganó esta noche un lugar de privilegio en el corazón de los hinchas “canallas”, que lo miraban como “un sapo de otro pozo” cuando vino a dirigir a su equipo, recordado por aquella final del controvertido arbitraje de Diego Ceballos en la Copa Argentina de 2015, pero que hoy empezó a transformarse en Carlitos.
