“Parece un vagabundo. Tenía una uña muy grande en uno de sus dedos y se tocaba constantemente la boca con ella. Me sorprendió que nadie lo reconociera”, dijo el blogger que el 20 de junio de 2007 fotografió a Gregori Perelmán en un metro.
Esas fotos, que recientemente se volvieron virales en Twitter, son, probablemente, el último recuerdo visual que el inconsciente colectivo tiene de él.
Perelmán es el único genio de las matemáticas que resolvió uno de los siete problemas del milenio: la Conjetura de Poincaré. Misteriosamente, tras lograr la proeza, se distanció de su ciencia predilecta, rechazó un premio de 1 millón de dólares y decidió empezar a vivir como un ermitaño.
¿Quién es Grigori Perelmán?
Perelmán es un matemático ruso nacido en Leningrado -actual San Petersburgo- en junio de 1966. Su padre, Jacob, era ingeniero eléctrico, y su madre, Lyuboc, profesora de matemáticas y violinista aficionada. Lyuboc fue su inspiración profesional y artística, ya que él también era buen violinista.
Hizo la secundaria en Leningrado y, como era excesivamente inteligente, fue transferido a una institución especializada, la Escuela de Física y Matemáticas 239.
En los ochenta empezó a demostrar que lo suyo iba en serio.
En el ’82 se llevó el oro en la Olimpiada Internacional de Matemática de Budapest con una puntuación tan perfecta como la que le otorgó Mensa.
La Universidad Estatal de Leningrado le brindó estudios sin exámenes de ingreso y se graduó de ella becado y con honores.
Su vida profesional comenzó en Leningrado y continuó a comienzos de los noventa en los Estados Unidos: fue a las universidades de Nueva York, Stony Brook, Berkeley.
Cuando en 1996 regresó a San Petersburgo, su ciudad natal, se dedicó a trabajar exclusivamente en la conjetura de Poincaré en el Instituto Steklov de Matemáticas. Y nunca más salió de allí.
