Hasta su primera detención, ocurrida en 2018, Marcelo Bazán (69) era un psicólogo reconocido por la opinión pública de Córdoba como un terapeuta que se especializaba en el tratamiento de las adicciones y trastornos psíquicos graves, de difícil abordaje.
De un día para el otro, el principal referente de la Fundación Dolto (que en otro momento se llamó Doxa) vio cómo toda la estructura que había construido tras años de enhebrar un sistema muy similar al de una secta, se caía como un castillo de naipes.
Al psicólogo se lo acusa de abusar sexualmente de algunas de sus pacientes y de utilizar su situación de líder de la fundación que encabezaba para extorsionar a sus seguidores. Es que a la par de la cuestión terapéutica, la fundación tenía una sección “financiera” a través de la cual se les prestaba dinero a los pacientes para después apretarlos a la hora de la cobranza con intereses.
La Justicia cordobesa lo encauzó por estas dos situaciones delictivas y Bazán deberá enfrentar un juicio por las dos acusaciones: en una se incluyen los abusos sexuales y en la otra se lo imputa de extorsiones y amenazas.
En tanto, la ex mujer de Bazán, Paola Flavia Re Aramburo, está imputada como su cómplice en los abusos sexuales y las vejaciones.

“Algunas de las técnicas utilizadas por Bazán habrían consistido en controlar toda la información de sus pacientes, la exigencia de una absoluta devoción hacia su persona en detrimento del entorno personal, familiar y social, la supresión del pensamiento crítico mediante el uso del engaño y la mentira, el debilitamiento psicofísico, aislamiento social y la aplicación de un sistema de premios y castigos”, señala uno de los expedientes de elevación a juicio.
Y advierte que el líder de la organización coercitiva “habría llegado a controlar y dirigir todos los aspectos de la vida de sus víctimas: psíquico, económico, emocional, familiar, laboral, etc. En ese contexto y, a partir de ese momento, habrían comenzado a suscitarse hechos de violencia sexual, los que se fueron intensificando con el correr del tiempo”.
Para los investigadores está claro que Bazán utilizaba su posición de poder casi extremo para avanzar sobre todos los aspectos de la vida de sus seguidores y en el caso de los abusos sexuales se los incluía dentro del proceso terapéutico. Además, se lo acusa de utilizar sustancias como el alcohol, la marihuana y la cocaína para someter a sus víctimas.
El fiscal de la Cámara Tercera del Crimen de Córdoba, Marcelo Hidalgo, le explicó a Clarín que tras la elevación a juicio de las dos causas se abrió la etapa preparatoria para el juicio que, si todo avanza como se espera, podría celebrarse a fines de este año o a principios de 2024.
“La Fundación Dolto tenía un desprendimiento en el que se ofrecían prestamos de dinero y cuando había problemas, mandaban a una brigada que cobraba” las acreencias a los tiros.
En el caso de las extorsiones, además de Bazán están imputados otros ocho presuntos cómplices de participar en organización financiera. Entre los planteos que se evalúan en este periodo previo al juicio, el fiscal Hidalgo estudia la posibilidad de plantear la existencia de una asociación ilícita.
