Karina Milei llegó a Villa Celina, La Matanza, exultante, con una sonrisa. Sonaba Callejeros y el club Social Oasis, en el corazón boliviano de la “pequeña La Paz”, había quedado chico. Ocho mil fiscales adentro y mil afuera.
El acto permaneció en secreto mientras Javier Milei ensayaba una salida al escándalo de los audios en los que supuestamente el titular de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis), Darío Spagnuolo, habla de sobornos e involucra a la secretaria general de la Presidencia, a Lule Menem, a su segundo en el área Daniel Garbellini y a la droguería Suizo Argentina.
La difusión generó conmoción en la Casa Rosada. El escándalo escaló: la Justicia tuvo una rápida e inusual intervención y el Gobierno echó a Spagnuolo y a Garbellini, puesto por Lule Menem en la Andis.
El juez Sebastián Casanello y el fiscal Franco Picardi llevan adelante el caso. Mieles para la teoría del complot del Gobierno: Casanello ganó el mote de “tortuga” por el lento avance en la causa por lavado de dinero de La Rosadita K y Picardi fue funcionario de Cristina Kirchner. El exabogado de la expresidenta Gregorio Dalbón impulsó la denuncia por los audios.
La “hermana de hierro” es la protagonista del escándalo y la actriz de reparto. Fue la primera en ponerle el cuerpo a la estrategia del Gobierno de adjudicar todo a una “operación política” para perjudicar a La Libertad Avanza a dos semanas de una parada compleja: la elección en la provincia de Buenos Aires.
“Karina estuvo muy simpática y arengó a los fiscales. Fue un fiestón”, cuenta un dirigente sobre la primera aparición de la hermana de hierro en el climax del escándalo.
“Hubo una mención indirecta a los audios. Martín Menem y Sebastián Pareja hicieron alusión a los constantes intentos de desgaste, de debilitamiento, de sabotaje al Gobierno de operaciones de gente vinculada a servicios de inteligencia”, amplía sobre el acto cerrado a la prensa.
La desmesurada interna entre Santiago Caputo con Karina Milei y los Menem -Lule y Martín- asomó como la primera y obvia explicación a la aparición de los audios. Lilia Lemoine apunta a Pablo Toviggino, tesorero de la AFA, y dueño del streaming Carnaval, que publicó los audios. “Es un ajuste de cuentas y de paso nos pegan”, dice Lemoine.
