Deportivo Madryn transita una semana que marcará un antes y un después. Con 101 años de vida, el club patagónico se prepara para disputar el partido más trascendente de su historia: este sábado a las 17, enfrentará a Gimnasia de Mendoza en Vicente López, con Nicolás Ramírez como árbitro, en busca de un lugar en la Liga Profesional.
En la antesala del choque decisivo, Leandro Gracián mantiene la serenidad de quien siente que hizo los deberes.
“Cuando llegué éramos tres y aterrizamos en un Madryn complicado. Fuimos al hotel y el club estaba atravesando un mal momento. Era mi primera vez como técnico principal y no me olvido más las caras de incertidumbre. Hasta mi representante me contó después que le preguntaron si yo iba a poder levantar esto”, rememoró.
Del desorden al proyecto
Aquel arranque a pulmón fue tomando forma. “Con Pablo Santella y Manuel León nos sumamos a una estructura que ya existía, pero que necesitaba ajustes. Con diagnóstico, trabajo y tiempo, fuimos ordenando todo. Hoy el club está en otro lugar”, sostuvo quien supo vestir las camisetas de Vélez, Independiente y Boca.

Una apuesta por el sur
Gracián venía de ser parte del cuerpo técnico de Hugo Ibarra, pero eligió poner la energía en un proyecto patagónico que busca abrir una puerta inédita en la elite del fútbol argentino.
“Mendoza ya es una plaza consolidada. Madryn, en cambio, es una ciudad chica, de 150 mil habitantes. No hay punto de comparación. Pero con trabajo instalamos un lugar en el mapa”, destacó.
Incluso reveló que debió sacar dinero de su bolsillo para acelerar decisiones. “Armamos una secretaría técnica privada para gestionar rápido los refuerzos y convencerlos desde lo deportivo, no solo desde lo económico. Estamos en desventaja geográfica, es así. Pero había que moverse”, explicó.
La dirigencia, con Ricardo Sastre a la cabeza, respaldó el proyecto: a los dos meses de iniciado el ciclo, lo renovaron hasta diciembre de 2025..

El arraigo, el esfuerzo y la identidad
Desde su llegada, el entrenador sintió que la ciudad lo adoptó. “Me dieron un cariño enorme y me hicieron sentir como si hubiera nacido ahí. Al principio me reconocían por Boca, después por ser el DT de Madryn. Hoy me siento un hijo más. Eso fue determinante para tener estabilidad emocional y trabajar”, afirmó.
Lleva un año y ocho meses lejos de su familia, pero siente que valió cada minuto. “La satisfacción más grande es ver el crecimiento del club y ser parte de eso. Jugadores que no tenían reconocimiento hoy lo tienen porque se rompieron el alma para lograrlo”, resaltó.
Y dejó una definición que resume su proceso: “Deportivo Madryn se profesionalizó, crecimos juntos y ese es nuestro campeonato”.
“Lo que conseguimos ya es parte nuestra. Construimos prestigio, profesionalismo y una forma de trabajar. Y eso también es ganar”, sostuvo.
Antes del cierre, dejó un costado íntimo: “Soy creyente, amo profundamente a Dios y estoy tranquilo transitando los pasos que Él marque. No intento controlar lo que venga, solo seguir creciendo. Eso me da paz”.
