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Tras la escandalosa salida de Werthein, Milei buscará reordenar una Cancillería cruzada por las internas y la escasa actividad diplomática

Tras la salida del exembajador en Washington, el Palacio San Martín enfrenta una transición compleja, con tensiones internas y expectativas por los nuevos lineamientos que impondrá el próximo canciller.

Desde que Gerardo Werthein llegó al Ministerio de Relaciones Exteriores hace exactamente un año, la dinámica de la Cancillería argentina cambió. Las áreas políticas empezaron a quedar cada vez más relegadas para darle paso a las comerciales y económicas.

Mucho se demoró en comenzar una reestructuración interna que nunca se terminó de concretar por completo. Se especuló con que distintas áreas, direcciones y secretarías se podían unificar, pero lo único que se consolidó fue una dinámica interna hiperverticalista en donde hasta las más pequeñas decisiones tenían que pasar por la oficina del canciller en el piso 13 del edificio de Arenales y Esmeralda.

Werthein se rodeó de los leales con los que había trabajado durante su paso como embajador en Washington. Un equipo capacitado y profesional, tal como coincidían mayoritariamente en los pasillos del Palacio San Martín. Pero esta confianza en sus más cercanos hizo que no se delegaran tareas ni se le diera la independencia necesaria a otras áreas que la necesitan para un normal funcionamiento de la diplomacia.

Es así que a lo largo de este año empezaron a emerger los reclamos de representaciones diplomáticas extranjeras más pequeñas —y no tanto— de que no había interlocutores claros en la Cancillería argentina o que era difícil encontrar puertos de contactos para establecer canales de cooperación, sea en materia comercial o política.

Luis María Klecker fue la persona elegida para traerla a Buenos Aires desde el consulado de San Pablo para encabezar la Secretaría de Relaciones Económicas Internacionales. Fue el más claro nexo, en temas comerciales y políticos. Se avanzó en las conversaciones de libre comercio entre el Mercosur y la UE, se cerró la negociación con el EFTA y se iniciaron otros diálogos como con los Emiratos Árabes Unidos, El Salvador, Canadá, entre otros.

El recordado voto sobre el embargo de Cuba en la ONU que le valió la salida de Diana Mondino, las amenazas directas de Javier Milei al cuerpo y el estado de observación total sobre cada movimiento que se instaló con la llegada de Werthein, hicieron que los diplomáticos empezaran a evaluar qué consecuencias tendrían sus comentarios o observaciones si eran opuestas a los lineamientos de la “batalla cultural” que planteaba el Gobierno nacional.

Esta situación, sumado a la falta de las cabezas en áreas clave y de interlocutores, hicieron que la Cancillería empezara a entrar en una situación de estancamiento. “Está casi todo parado”, se escuchó por mucho tiempo. El foco era, esencialmente, lo económico y comercial, áreas que llevan tiempo de trabajo para empezar a ver sus impactos. Eso sí siguió adelante. Se espera el anuncio final del acuerdo con los Estados Unidos.

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