En ese contraste aparece una clave política: parte del electorado parece diferenciar el golpe en el bolsillo de la evaluación de la conducción y empieza a ubicar el problema en factores más estructurales del modelo económico y laboral.
Esa lectura se conecta con lo que ya se venía registrando en noviembre, cuando un 55% se manifestó a favor de avanzar con una reforma laboral, señalando que, incluso con ingresos deteriorados, existe una base social dispuesta a acompañar cambios de reglas si cree que pueden mejorar el funcionamiento del empleo y la economía.
En el mismo sentido, el relevamiento muestra que la inflación también se discute en el plano de la credibilidad: el 56,4% de los encuestados no cree que el dato del INDEC refleje lo que se vive en la calle, mientras que el 41,4% sí considera que el índice oficial se acerca a su percepción cotidiana.
El informe agrega, además, que no se trata de una foto aislada: el gráfico de evolución del MOP exhibe cómo esta percepción fue moviéndose a lo largo de las mediciones, lo que refuerza la brecha entre estadística y experiencia diaria.
Esa distancia ayuda a explicar por qué el malestar salarial convive con lecturas políticas más complejas: aun cuando la inflación muestre señales de desaceleración, una parte mayoritaria sigue sintiendo presión en precios clave y ajustes en gastos básicos, y por eso no percibe una mejora inmediata en el consumo real.
La mirada sobre la economía argentina sigue siendo mayoritariamente negativa, pero muestra un giro en el margen. En enero, el 48,2% de los encuestados califica la situación del país como “negativa”, mientras que el 31,4% la evalúa como “positiva” y el 20,1% la define como “regular”. Aun así, el informe marca que el humor económico empieza a moverse: el gráfico de evolución del MOP muestra que, respecto de mediciones anteriores, creció el porcentaje de quienes ven la economía con mejores ojos.
Para muchos la economía todavía no está bien, pero empieza a crecer un segmento que percibe señales de mejora o, al menos, de estabilización.
Ese corrimiento ayuda a entender el contraste con el bolsillo: que tres de cada cuatro digan que el salario pierde contra la inflación no impide que mejore la visión del país, porque la evaluación general incorpora expectativas de rumbo y comparación con meses anteriores, incluso cuando el impacto cotidiano siga siendo adverso. Así, mejora la percepción sobre el “país” mientras la economía doméstica continúa bajo presión.
EXPECTATIVAS 2026
Consultados sobre las expectativas para 2026, el 48% cree que la situación económica del país será negativa, mientras que el 47,4% proyecta un escenario positivo, una diferencia mínima que deja un mapa prácticamente partido en mitades.

Sin embargo, el informe agrega un dato que ordena la lectura: la intensidad del pesimismo es mayor que la del optimismo, porque el 39,6% se declara “muy pesimista” frente a un 27,4% “muy optimista”, lo que muestra que todavía hay un núcleo duro de incertidumbre y desconfianza.
