Como una historia de amor, una pasión más allá de la razón y una entrega total, la historia de Silvina bien podría estar resumida en una estrofa de la canción Amiga mía. “Esta es mi manera de decir las cosas, no es que sea mi trabajo, es que es mi idioma”.
Silvina es abogada y emprendedora agropecuaria. Fanática de Alejandro Sanz desde los 15 años y de los autos antiguos, un día decidió combinar sus dos pasiones y le dio rienda suelta a su imaginación. Así, transformó su Citroën 2CV, comúnmente conocida como “cirila”, en un homenaje a su ídolo.
La pintó de rosa y el capot fue su estrella: una foto gigante del artista encabeza el vehículo que no pasa desapercibido vaya donde vaya. Y con este regalo, un día decidió viajar para mostrárselo. Lejos de llevarle flores, chocolates o carteles, de alguna forma, Sil le regaló una parte de su amor. Por eso, su “manera de decir las cosas”, su idioma del amor, va más allá.
EL COMIENZO DEL AMOR POR CIRILA
La cirila llegó a su vida en 2019. Era blanca, pero ella siempre quiso un auto rosa. “No había ningún motivo, mi sueño era tener un Citroën rosa y lo cumplí”, contó a TN.
Silvina estudió en la UBA y se recibió de abogada, pero por un trágico accidente en el que murieron su papá y su hermano se hizo cargo del tambo familiar. Desde entonces al derecho lo dejó de lado y solo oficia ocasionalmente.
A partir de ese momento, su vida se volcó directamente al campo, en su querida localidad de Las Chacras, en Lobos, a más de 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires.
Pero si hay algo que no cambió jamás fue su pasión por la música y especialmente por el cantante español. “Fui a todos los recitales, pero siempre quedé con ganas de más. En 2023 cuando él vino a la Argentina dije ‘quiero una entrada cerquita’. La conseguí y fui por más. Ahí se me ocurrió que participe la cirila en primera persona”, contó.
“Conseguí un capot y lo plotee con su cara para demostrarle el cariño que le tengo. Así me fui andando hasta Capital, era mi primer viaje a larga distancia. Apenas llegué me fui al hotel y la idea era esperarlo a Ale para verlo cuando bajara de su habitación para el recital, decirle que fui con el Citröen rosa y mostrarle lo que había hecho, pero empezó por la esquina y no me escuchó”, recordó.
Quien si la escuchó fue Manolo, el seguridad de toda la vida del cantante. “Él me sonrió así que agarré la cirila y la atravesé. Le empecé a tocar bocina, se ve que me vio, pero se fue y al otro día subió una publicación de la cirila a sus historias. Ahí pensé que mi sueño se había terminado porque ya la había visto en redes”, precisó.
Fuente: TN
