A veces las peores crisis esconden los giros más inesperados de la vida. Eso lo sabe muy bien Luciana Castellano, una biotecnóloga egresada de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) que, en 2017, vio cómo su sueño de hacer ciencia en la Argentina se derrumbaba en un segundo.
Hoy, ocho años y medio después, es una científica premiada en Estados Unidos que trabaja en un prestigioso instituto de investigación, pero no olvida sus raíces: “Haciendo ciencia desde Kansas, pero con la de Argentina”.
DEL LLANTO A UNA OPORTUNIDAD ÚNICA
Era 2017 y Luciana había aplicado a una beca doctoral en el CONICET. “Me tocó un mal año, un año de recortes. Muchos nos quedamos afuera”, contó en diálogo con TN. Tras una primera negativa, apeló la decisión con pruebas de que el rechazo era injusto. La respuesta definitiva llegó mientras estaba en su casa.
“Cuando me enteré de que no me habían dado la beca, me puse a llorar. No tenía un plan B. Estaba muy estresada porque sentía que era muy injusto”, confesó sobre ese momento. Sin embargo, el destino tenía otros planes.
“A las dos horas de que me llegó ese mail, me llamaron para preguntarme si estaba interesada en tener una entrevista con un investigador argentino que vivía en Kansas City”, confesó.
Una amiga la había recomendado con un científico que había sido jurado de su tesis apenas dos meses antes. Luciana, todavía con lágrimas en los ojos, no lo dudó: “Le dije: ‘Hace dos horas me rechazaron la beca, así que estoy libre’. Era irme de aventura por un año porque no tenía trabajo. No había mucho que pensar”.
Lo que iba a ser una experiencia de 12 meses se transformó en una carrera consolidada. Luciana se sumó al laboratorio del doctor Ariel Bazzini en el Stowers Institute for Medical Research, donde completó su doctorado en biología.
“Estudié el ARN y el virus del dengue. Miramos la secuencia de distintos tipos de dengue tratando de identificar los codones, que son como los ‘ladrillitos’ que componen el material genético, para ver si encontrábamos patrones específicos que hicieran que el virus funcionara mejor o peor en la célula”, explicó de forma sencilla sobre su valioso aporte científico.
Su trabajo no pasó inadvertido. Además de exponer en numerosos congresos, recibió un prestigioso galardón de la Sociedad del ARN (RNA Society). “Fue un gran honor”, recordó con orgullo. Actualmente, se desempeña en un nuevo rol dentro del área de cultivos celulares y organoides del instituto.
