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Titulares

El rincón del Parque Provincial Patagonia Azul que tiene un lugar poco conocido para ver ballenas

Mientras la provincia brilla con sus sitios tradicionales para hacer avistajes, un sector casi virgen de la costa sorprende a los investigadores. Silencio, aguas tranquilas y pocas embarcaciones son el imán secreto para las ballenas francas australes, que frenan su migración buscando la tranquilidad absoluta de este ecosistema inexplorado.

La geografía chubutense es sinónimo de grandes golfos y avistajes masivos que recorren el mundo entero. En ese contexto, el Parque Provincial Patagonia Azul, donde la inmensidad patagónica se vive en estado puro y sin multitudes gana protagonismo como un refugio excepcional donde la ballena franca austral encuentra el escenario para transitar lejos del ruido.

Lautaro Comesaña es uno de los técnicos encargados de realizar el monitoreo de ballenas en las costas del Portal Isla Leones. Describe su trabajo diario como una tarea de observación paciente. El fotógrafo asegura que cada vez que el tiempo los permite, salen a recorrer ese entorno salvaje y cruzarse con los cetáceos resulta fascinante. “Encontrarnos en ese lugar con ellas es algo increíble”, afirma sobre la experiencia cotidiana.

UN DESCANSO NECESARIO EN LA RUTA MIGRATORIA

A diferencia de las áreas destinadas principalmente a la reproducción y cría, este sector costero funciona como una parada técnica y reparadora. Comesaña detalla que la ballena franca tiene un comportamiento muy ligado a la orilla y busca de manera constante el reparo que ofrecen las caletas cerradas y agrestes donde los animales “pueden estar tranquilos y hacer un descanso en su largo viaje” hacia aguas más cálidas en el norte.

Cruzarse con esta especie en un entorno tan solitario le otorga una identidad única al trabajo en el terreno. Notar que los ejemplares se dejan ver con mayor frecuencia y en grupos cada vez más numerosos genera un gran entusiasmo en el equipo de monitoreo. Para el investigador, este incremento sostenido de las visitas de las ballenas “hace creer que eligen el lugar por su comodidad y tranquilidad” a lo largo de su extensa travesía oceánica.

EL REGISTRO AÉREO Y LA INMENSIDAD DEL GRUPO

Aprovechar este paso sigiloso requiere precisión para generar un registro científico útil destinado a la conservación del área protegida. La identificación individual es el primer paso ante cada encuentro en el mar. Comesaña explica que este protocolo fundamental “se hace con drones ya que hay que ver sus callosidades de la cabeza” y así documentar con exactitud el tránsito poblacional por el parque.

Una vez asegurado ese registro riguroso, el foco de la cámara se concentra en las interacciones sociales de la especie. El fotógrafo busca capturar los comportamientos particulares o las dinámicas grupales para dimensionar la grandeza de los mamíferos interactuando en estado salvaje, un espectáculo que resulta recurrente ya que suelen agruparse para disfrutar de la calma que les brindan estas aguas.

ESPECTÁCULO A POCOS METROS DE LA ORILLA

Actualmente, el Portal Isla Leones se encuentra cerrado al público hasta el inicio de la próxima temporada, pero la zona cuenta con alternativas inmejorables para quienes buscan presenciar este fenómeno natural con la misma magia que perciben los investigadores en sus recorridos habituales.

Comesaña recomienda acercarse a Bahía Camarones, un punto geográfico cercano que las ballenas también adoptaron para su descanso.

En esa localidad los visitantes pueden experimentar una proximidad asombrosa y tener encuentros “a cinco metros de la costa”, una postal que remite directamente a los clásicos avistajes de El Doradillo. Esta cercanía inusual permite verlas saltar dentro de la bahía y presenciar los juegos de la especie directamente desde la playa, confirmando que la provincia siempre guarda un rincón secreto para sorprender al viajero.

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