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Titulares

Una escuela de Chubut lleva 20 años reforestando el bosque, sus alumnos ya plantaron más de 32.000 árboles y necesitan apoyo

En Villa Futalaufquen, dentro del Parque Nacional Los Alerces, los estudiantes de la Escuela N° 25 mantienen un vivero de especies nativas: siembran, cuidan y plantan ejemplares para recuperar zonas afectadas por los incendios. Esta semana participarán en un seminario sobre “aprendizaje-servicio”

En verano, cuando hay incendios en los alrededores de la Escuela N° 25 de Villa Futalaufquen, en Chubut, los recreos cambian. En lugar de salir a jugar, algunos chicos se acercan al paredón y se quedan mirando el movimiento en el camino: pasan helicópteros, brigadistas, guardaparques. Esperan que el fuego no avance y alientan a quienes lo combaten.

Desde hace 20 años, los alumnos de esta pequeña escuela ubicada dentro del Parque Nacional Los Alerces, a unos 50 kilómetros de Esquel, producen plantas nativas que después llevan a las zonas afectadas por el fuego. Actualmente son 38 estudiantes, desde nivel inicial –los más chicos tienen 3 años– hasta la secundaria, y todos participan del proyecto. También sus familias están involucradas.

“Cada año, cuando hay incendios, sufren mucho la pérdida de su casa, que es el bosque”, cuenta Luis “Pela” Almendra, docente de la Escuela N° 25 “Delia Médici de Chayep” y responsable de la iniciativa, bautizada como Vivero Niños del Lago. “Los brigadistas terminan siendo nuestros héroes”, le dice Almendra a Infobae.

Hasta ahora llevan más de 32.000 árboles plantados dentro del Parque Nacional Los Alerces. También donaron ejemplares a otras escuelas, hicieron plantaciones para espacios públicos en Esquel y Trevelin, y realizaron intervenciones en lugares afectados por incendios como Cholila, Epuyén y Lago Puelo, indica Almendra.

Los alumnos producen especies nativas que luego llevan a distintas zonas del Parque Nacional Los Alerces: el objetivo es contribuir a la recuperación del bosque, afectado por los incendios recurrentes en la zona.

DEL INCENDIO AL VIVERO

El proyecto comenzó en 2006, después de que un incendio en marzo de 2005 afectara unas 40 hectáreas en los alrededores de la escuela. Alumnos, familias y docentes colaboraron frente a la emergencia, pero pronto surgió –entre los chicos– una pregunta que terminaría dando forma a una experiencia educativa que se extendería durante dos décadas: qué podía hacer la escuela para ayudar a recuperar el bosque.

Uno de los principales impulsores fue Boris Sáez, maestro de Orientación Agraria. La idea inicial era producir unos 300 plantines de especies nativas . En 2009 realizaron la primera plantación. Desde entonces, el vivero se fue incorporando cada vez más a la vida cotidiana de la escuela. En 2009 y en 2019 ganaron el Premio Presidencial Escuelas Solidarias, que se entregó por última vez en 2024.

“Los arbolitos son importantes porque el fuego quemó todo el bosque y casi no hay arbolitos. Entonces estamos haciendo arbolitos para cuidar el bosque”, repasa Ámbar, alumna de segundo grado.

Hoy en el vivero se producen más de 15 especies propias del bosque andino patagónico, entre ellas radal, maqui, notro, ñire, chacay, michay, calafate, alerce, maitén, araucaria y ciprés de la cordillera. Algunos ejemplares serán plantados; otros se venden para contribuir al sostenimiento del propio proyecto.

Cuando los árboles están listos, los estudiantes los cargan en sus mochilas y caminan por senderos de montaña hasta los lugares de plantación.

“Es un largo proceso. Empezamos poniendo las semillas en una almaciguera –explica Naceli, alumna de cuarto grado, a Infobae–. Las tapamos, las aplastamos y ponemos un poco de pinocha, hojitas, así queda un colchoncito como si estuviera en el bosque”.

“Ahí las dejamos un año entero y las sacamos y las pasamos a macetitas, donde crecen y pasan dos años más. Y cuando ya tienen cuatro años, las llevamos a la montaña –continúa Naceli–. Ese es nuestro proceso largo por el que debemos pasar”.

UN PROYECTO QUE NECESITA APOYO

El vivero se financia principalmente mediante donaciones y la venta de ejemplares nativos en ferias o en la propia escuela, explica Almendra. Con ese dinero compran macetas, herramientas, tierra y otros insumos.

La Secretaría de Bosques de Chubut acompaña la experiencia desde 2015, cuando un incendio arrasó con 55.000 hectáreas de bosque patagónico. También existe una articulación permanente con Parques Nacionales: antes de cada plantación, la escuela informa dónde pretende realizarla y solicita la autorización correspondiente. El personal de Parques colabora además con traslados, materiales o vehículos para buscar tierra y abono.

Uno de los problemas que enfrenta actualmente el proyecto es que les falta un sombráculo, una estructura cubierta que da sombra y resguardo a las plantas jóvenes. En 2022, una nevada que llegó a acumular cerca de un metro de nieve derrumbó la estructura de acero que protegía a una parte de los plantines.

Desde entonces no pudieron reconstruirla. Según explicó Almendra, el costo estimado ronda los 6 millones de pesos. Hasta ahora, reunieron cerca de la mitad mediante una campaña de donaciones y ventas de árboles en Esquel y Trevelin.

Fuente: Infobae

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