La vertiginosa caída, observada por sensores militares, fue frenada por dos paracaídas, consignó la agencia AFP. La muestra tomada en 2020 contiene alrededor de 250 gramos de material, según estimaciones de la agencia espacial estadounidense, mucho más que las dos muestras de asteroides anteriores recogidas por misiones japonesas.
Este material ayudará “a comprender mejor los tipos de asteroides que podrían amenazar la Tierra” y arrojar luz sobre “el comienzo mismo de la historia del sistema solar”, subrayó el jefe de la agencia espacial, Bill Nelson.Se trata de la “muestra más grande que recuperamos desde las rocas lunares” del programa Apolo, finalizado en 1972, dijo a la AFP la científica de la NASA Amy Simon antes del aterrizaje.
Aproximadamente cuatro horas antes de la hora prevista de aterrizaje, la sonda Osiris-Rex liberó la cápsula que contenía la muestra, a más de 100.000 kilómetros de la Tierra.
Durante los últimos 13 minutos, esta cápsula atravesó la atmósfera: entró a más de 44.000 km/h y alcanzó una temperatura de 2.700°C. La sonda siguió su misión hacia otro asteroide.
Una vez que la cápsula llegó a tierra, un equipo equipado con guantes y máscaras comprobó su estado, antes de colocarla en una red, elevarla hacia un helicóptero.
La cápsula debe exponerse a la arena del desierto el menor tiempo posible para evitar cualquier contaminación de la muestra que pueda distorsionar los análisis posteriores.
