En noviembre de 2014, en una casa de La Matanza, José Antonio Castellanos asesinó a Sabrina González Rojas de una puñalada por la espalda. Estuvo todo premeditado. Chips de celular para amenazar al entorno de ella para que se distancia, luego una nota y a partir de ahí desapareció como un fantasma.
La fiscalía llevó el caso adelante, pero nunca tuvo avances importantes. Las verdaderas heroínas que intentaron hacer justicia en todo momento fueron las dos hijas de Sabrina: Martina y Daira. En ese momento eran menores y tenían 14 y 17 años.
Las hijas fueron las que aportaron a la causa el dato de que el femicida había comprado varios chips de teléfono para amenazar previamente al entorno de Sabrina con el objetivo de alejarlo de ella y tener el camino allanado a la hora del crimen.
El Estado se limitó a ofrecer una recompensa de 5 millones de pesos para cualquiera que pudiera aportar un dato de relevancia.
Sin embargo, ayer, el mundo se transformó en “un poco más justo”, cuando después de una larga investigación, la Policía del Chubut encontró a Castellano en un barrio periférico de la ciudad de Comodoro Rivadavia.
Tenía una identidad falsa, pero el oficial Patricio Rojas de la Policía del Chubut lo encontró.
LA CARTA
El femicida dejó una carta dirigida a la víctima, simulando que se iba y la dejaba, pero antes de esa misiva, ya había asesinado a Sabrina González Rojas.
La mató de una puñalada por la espalda después de haber discutido. Posterior a eso, dejó una nota con la frase “flaca, me fui”.
LA BOLSA NEGRA Y UN CRUDO RELATO
Martina, una de las hijas de Sabrina, relató en carne propia lo que les tocó vivir: “Veo que de la casa sacan una bolsa negra y me quedé pensando si ahí en esa bolsa estaba mi mamá”. El relato fue desgarrador.

“Corrí hacia la bolsa, la Policía del no me dejó entrar, la subieron a un camión y se fueron”, describió Martina en una entrevista realizada en Telenoche, programa emitido por Canal 13.
“Se me cayó el mundo cuando entré la habitación. Vi las zapatillas y la ropa de mi mamá manchadas con sangre”, contó Martina.
LA INACCIÓN DE LA JUSTICIA
Daira, la otra hija de la víctima, recuerda que el fiscal de la causa le dijo: “Si podés acercarte a la casa del femicida, hacelo”. El testimonio reflejaba la parálisis de la investigación.
“Pasaron más de 8 años, pero para nosotras es como si hubiese pasado ayer”, reconoció Martina.
