En todo el 2020, de acuerdo a la información que suben las propias operadoras por declaración jurada a la Secretaría de Energía de la Nación, la provincia de Neuquén reportó una producción de 54,7 millones de barriles, en un promedio por día de 149.559 barriles. Así, y de la mano de los bloques con objetivo shale, el distrito de Omar Gutiérrez encabezó la producción de crudo argentino.
En tanto, la provincia del Chubut aportó a la matriz energética nacional un total anual de 52,4 millones de barriles de petróleo tipo Escalante -el más conocido de los crudos de la Cuenca del Golfo San Jorge-, que significa un promedio diario de 143.160 barriles. De este modo, la provincia gobernada por Mariano Arcioni queda en segundo lugar del podio petrolero.
Para entender el contexto, hay que remontarse a dos momentos clave de Vaca Muerta. La Resolución 46, durante la gestión de Mauricio Macri, motorizó las inversiones para seguir aprovechando a la roca de esquisto de la Cuenca Neuquina. Luego, los cambios en esa resolución llevaron a muchas compañías a apostar al shale oil en sus distintas ventanas -del petróleo liviano a los condensados-.
La pandemia del 2020 provocó un freno total a las inversiones en gas y petróleo, pero a partir del segundo semestre empezó a verse una recuperación. En el negocio del fracking, las etapas de fractura volvieron y empezaron a crecer mes a mes. A la fecha se estima que hay 21 equipos de perforación en Neuquén, mientras que en Chubut hay 14 -aunque con cinco en mantenimiento.
El no convencional representa el 25% de la producción total de petróleo y, si avanzan las inversiones en este segmento, Neuquén va a camino a superar a Chubut por más tiempo. A los yacimientos del sur chubutense le queda tener en su paisaje al mayor productor de crudo convencional que es Cerro Dragón y la apuesta en firme de la tecnología de recuperación terciaria en campos muy maduros.

