“La baja en la pobreza no refleja una mejora en el consumo, y por eso hay cierta ´ficción´ detrás de las mediciones del INDEC”, declaró en Mar del Plata el director de investigación del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), Agustín Salvia.
“Es más real la caída de la indigencia que la de la pobreza. No solo porque sigue siendo alta, sino porque no refleja la capacidad de consumo”, agregó.
Y como la mayor parte de los ingresos de los hogares vienen del campo laboral, “en la coyuntura actual el estrés económico de las familias aumentó: no alcanza la plata”, aseguró.
El diagnóstico, más allá de las estadísticas, fue contundente.
Casi en simultáneo renunciaban en el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) el director de Estadísticas de Condiciones de Vida, Guillermo Manzano, y la directora del Índice de Precios de Consumo (IPC), Georgina Giglio, encargados respectivamente de las mediciones de Pobreza e Inflación.
Salvia es especialista en la materia y, junto a Germán Santamaría, coordinador técnico de la Red Mar del Plata, presentaron recientemente un informe sobre pobreza multidimensional en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas, en el que se muestra que el 23,5% de los hogares está en situación de pobreza multidimensional y poco más del 35% tiene dos o más carencias simultáneas.

El índice de pobreza multidimensional tiene una parte que cuenta carencias de seis dimensiones básicas de acceso a derechos sociales: alimentación/salud, educación, trabajo, hábitat, servicios públicos y ambiente.
Si bajó el porcentaje de personas afectadas fue porque aumentó la población, en virtud de que siguen habiendo muchas familias sin agua corriente ni cloacas y jóvenes que no terminan el secundario.
La novedad es que estos problemas no solo ocurren en las periferias, sino también en cascos urbanos centrales.
