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Titulares

Pidió 2.000 pesos y juntó $ 50 millones: La influencer que encabezó la colecta por los incendios en Chubut

La activista y cocinera creó una comunidad que colabora en la compra de equipamiento para brigadistas y voluntarios. María Becerra se sumó a la iniciativa y le donó dinero.

El fuego destruye no solo bosques y viviendas, también se llave sueños, proyectos y toda una vida de esfuerzos. En la Patagonia argentina, ese escenario se repite todos los veranos. Pero esta vez, en medio de los incendios que golpean a Chubut, una red distinta empezó a tejerse desde los márgenes: el de la comunidad organizada.

Inés de la Torre —conocida en redes como @paltavidavegana— no es brigadista, ni funcionaria, ni parte de ninguna estructura estatal. Es cocinera, activista y docente de cocina consciente. Vive hace dos años en Lago Puelo. Con la ayuda de su comunidad digital, recaudó más de 50 millones de pesos destinados a equipar brigadas autoconvocadas, bomberos voluntarios y asistir a personas damnificadas por los incendios.

“Estoy un poco más tranquila, pero es una sensación forzada”, explicó en diálogo con TN después de casi dos semanas de fuego activo. “Fueron muchos días de dormir cuatro horas y recibir mensajes a cualquier hora de gente que veía el fuego acercarse a su casa”, precisó.

La experiencia no es nueva. El año pasado, De la Torre vivía en Río Negro cuando el incendio de Mallín avanzó peligrosamente cerca de su casa.

“Recuerdo que me fui a dormir con la ventana abierta para que entre algo de viento y me desperté en mal estado por el humo que había entrado. Estuvimos cinco días con las mochilas al lado de la puerta, con miedo a tener que evacuar”, recordó. “Ahí fue automático: esto está muy cerca, hay que hacer algo”.

Ese “hacer algo” empezó de forma mínima: bananas, manzanas, papel higiénico. Compras hechas con su propio dinero. Un par de historias en Instagram. Una necesidad de ayudar tanto a los propios como a los ajenos, sin importar religión, ideología o forma de pensar. Después, algo que se repitió este año con una fuerza inesperada: la respuesta colectiva.

“Dos mil pesos, más otros dos mil y más dos mil, es un montón de plata. Con eso comprás unas gafas protectoras y evitás que alguien se queme los ojos”, afirmó.

LOS $ 50 MILLONES RECAUDADOS

La cifra impresiona, pero De la Torre insiste en correr el foco del número: “No somos salvadoras de nada. Somos un canal de una ayuda que es colectiva. Lo que hago es aprovechar una comunidad de 63 mil seguidores en redes y las ganas de ayudar de muchas personas“.

“La plata no aparece de golpe: llega de a poco, de gente que muchas veces te escribe pidiendo disculpas porque solo puede donar mil pesos”, agregó.

Con esos fondos, que recaudaron a través de un alias difundido en su perfil de Instagram, se compraron motobombas, mochilas forestales, generadores eléctricos, borcegos, cascos, guantes, mangas, lanzas, herramientas, ropa ignífuga, y hasta reservorios de agua de mil litros. También se destinó dinero a bomberos voluntarios que no tienen ni siquiera camión propio.

“Estamos llevando medias y cascos a muchísimos voluntarios”, sostuvo, con una mezcla de bronca y asombro.

BRIGADISTAS EN ALPARGATAS

En la Patagonia, además de las fuerzas oficiales, hay más de 50 brigadas autoconvocadas. Es decir, unas 600 personas que salen a combatir incendios con lo que tienen.

“Hay gente yendo al fuego con un machete y en alpargatas. No porque no les importe su vida, sino porque saben que si no van, el fuego se lleva todo”, describió.

Ese contraste —la entrega absoluta frente a la falta total de recursos— fue uno de los motores de la colecta. “Vos ves esa voluntad y, desde un lugar de privilegio, no podés mirar para otro lado”, dijo.

RED COMUNITARIA

Nada de esto ocurre solo en Instagram. Detrás hay una red física, territorial, comunitaria. “Somos miles. Hay gente cocinando viandas, otras manejando camionetas, vecinos que prestan espacios, centros comunitarios que se vuelven nodos logísticos”, indicó De la Torre.

Las entregas se coordinan en tiempo real, con brigadas que levantan equipos en puntos estratégicos y salen directo a la línea de fuego.

“El incendio empezó un lunes. El miércoles ya estábamos comprando equipos en Buenos Aires, porque hay cosas que acá no se consiguen”, recordó. En su relato también aparece una constante: la falta de prevención y de inversión.

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