Con la relación con el Gobierno de Javier Milei definitivamente rota y sin retorno, y tras varios meses de marcadísimo bajo perfil, Victoria Villarruel entiende que es el momento indicado para relanzar su carrera y hasta sobrevuela en su cabeza la posibilidad de ser candidata en 2027.
Sabe que la inacción en estas circunstancias, con todo el aparato oficialista dándole la espalda de la forma más humillante, la condenaría a una muerte política sin atenuantes.
La titular del Senado no necesitó que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, le iniciara la cuenta regresiva, sugiriéndole que en dos años se busque otra escudería política que la acoja.
Se dio cuenta sola de que para sobrevivir políticamente iba a tener que construir una referencia opositora, y ya empezó a moverse en ese sentido con gestos simbólicos elocuentes.
Sin abandonar su parcela institucional del Senado, que es donde se le abre una hendija de visibilidad pública aún cuando desde el oficialismo se esmeren en eclipsarla, Villarruel estrenó el 2026 con gestualidades muy nítidas de diferenciación política.
Abrazándose a una retórica nacionalista que la arrima en los discursivo al peronismo de tinte conservador, como el que expresan Guillermo Moreno y Miguel Pichetto, la vice publicó un extenso tuit en la que cuestionó la política de apertura indiscriminada de Javier Milei, a quien se cuidó de no nombrar.
Utilizó como pretexto para marcar su postura pública el fallo de la Corte norteamericana de Justicia que dio de baja los aranceles impuestos por Donald Trump a las importaciones. Nada es casual.
“La decisión de la Corte de Estados Unidos de anular los aranceles impuestos por Trump a las importaciones, implica un golpe a las políticas de producción y establecimiento de empresas en Estados Unidos“, escribió en X.
“Sin empleo nacional y sin producción nacional no hay políticas reales de gobierno. Sin industria, se pasa a depender hasta en lo más mínimo de China, un país comunista. Para Trump primero está Estados Unidos, para mí, primero está la Argentina”, siguió.

“La apertura total y libre de las importaciones solo favorece la dependencia de China y profundiza las emergencias económicas y sociales. Tenemos todo para ser una potencia mundial. No debemos conformarnos con ser un país de servicios. En definitiva estamos hablando de Nacionalismo o Globalismo”, concluyó.
La narrativa nacionalista ya era parte del acerbo de Villarruel, pero estaba un poco más disimulada por su inserción forzada en el esquema libertario.
El “globalismo” es un concepto que refiere a una agenda muy amplia y hasta imprecisa, que une desde neoliberalismos a socialdemocracias liberales. Lo que no hay dudas es que el globalismo no admite hiper proteccionismos comerciales.
Con estas afirmaciones, la vice sale del closet y se ubica dentro del pentagrama ideológico mucho más cerca del ex secretario de Comercio del kirchnerismo que de cualquier apologista de la libertad.
“Donde entra China, no queda nada”, había dicho en la misma sintonía algunos días atrás Pichetto, quien tiene “green card” para entrar y salir a la embajada de Estados Unidos cuando quiera. Guillermo Moreno firmaría al pie.
