Desde 28 de Julio para Argentina. ZAMA representa esas historias que cada tanto se dan y que están marcadas por el esfuerzo, la constancia, la creatividad en lugares muy pequeños, lejos de las grandes urbes que ofrecen más oportunidades y más facilidades para “ser parte” de algo grande.
En un pequeño pueblo de Chubut con menos de 600 habitantes, ZAMA empezó a forjar una identidad artística tan íntima como auténtica. Lejos de donde la industria musical atiende los teléfonos, su historia está atravesada por la constancia, el trabajo en equipo con su familia y una búsqueda clara: conectar desde lo emocional.
Y ZAMA explica esto de manera muy clara: “La identidad artística viene mucho de lo simple, de lo cotidiano, de historias que parecen chicas pero que tienen un montón de emoción”, contó en diálogo con TN Show.
Haber crecido en un entorno tranquilo, explicó, le permitió desarrollar una sensibilidad particular, pero también lo obligó a ingeniárselas solo: “No hay industria ni grandes oportunidades cerca, entonces aprendés a crear desde cero y a valorar cada pequeño avance”.
La música apareció temprano en su vida. Influenciado por su padre, compositor y músico, comenzó a escribir sus primeras canciones a los 7 u 8 años. Sin embargo, fue a los 17, tras terminar la secundaria en 2019, cuando decidió encarar su proyecto de manera profesional.

Uno de los rasgos distintivos de ZAMA es su forma de escribir: letras emocionales, sin recurrir a lo explícito. “No es algo forzado, me nace así. Tiene que ver con mi personalidad y con el ambiente en el que crecí. Sé que me escucha mi familia, mis abuelos, y eso también genera una responsabilidad”, explicó.
El camino no fue fácil. Con recursos limitados, desarrolló habilidades de manera autodidacta tanto en producción musical como en edición de video. Sus primeros contenidos fueron grabados con su celular, que incluso llegó a vender para reinvertir en su proyecto. “Eso habla de lo que es este proyecto: hacer con lo que tenemos, pero siempre buscando mejorar”, resume.
En ese recorrido, la formación también jugó un rol clave. Con formación vocal junto a Katie Viqueira y experiencias en estudio con productores vinculados al equipo de María Becerra, el artista fue ampliando su mirada profesional sin perder su esencia.
CON ESFUERZO, VALE DOBLE
Hoy, ZAMA sostiene un proyecto completamente autogestionado y familiar. Su padre participa en la producción musical, aportando guitarras y bajos, mientras que su cuñado se encarga de los contenidos audiovisuales, muchas veces con recursos mínimos.
“Poder compartir horas en el estudio con mi viejo no tiene precio. Y con mi cuñado logramos crear cosas muy lindas, incluso sin formación técnica”, destacó.
Con “Mi Rose”, Zama reafirma su búsqueda artística y se posiciona como una nueva voz a seguir dentro del pop argentino.
