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Titulares

Macri reapareció en Mendoza con un mensaje político medido

Apoyo al cambio, alerta interna y proyección hacia 2027.

Mauricio Macri eligió Mendoza como escenario para enviar una señal política de alto contenido estratégico: el PRO busca reposicionarse como actor propio en la nueva etapa política argentina, con la mirada puesta en el mediano plazo y, especialmente, en el horizonte electoral de 2027.

“Lo que se discute es si el cambio adquiere la suficiente fuerza para que el populismo no lo vuelva a destruir”, dijo Macri en un discurso que duró aproximadamente 10 minutos.

En una visita breve pero cuidadosamente diseñada, el expresidente combinó gestos de respaldo al rumbo del Gobierno nacional con advertencias sobre los riesgos que, a su juicio, podrían condicionar el éxito del proceso de transformación en curso.

El arribo del líder del PRO se produjo este viernes cerca del mediodía, en medio de crecientes especulaciones sobre su eventual candidatura presidencial en el próximo ciclo electoral. Acompañado por la exvicepresidenta Gabriela Michetti y el dirigente Fernando de Andreis, Macri fue recibido por referentes locales del partido, entre ellos el intendente de Luján de Cuyo, Esteban Allasino, uno de los principales referentes territoriales que conserva el espacio en la provincia.

La actividad pública central tuvo lugar en el hotel Hilton de Guaymallén, donde encabezó el encuentro regional “Próximo Paso – Cuyo”, una convocatoria organizada por la dirigencia del PRO que buscó marcar el relanzamiento del partido en la región. Sin embargo, el tono del evento contrastó con el contexto político: Macri dio un discurso breve, sin definiciones programáticas extensas ni anuncios de peso, lo que reforzó la idea de una intervención más simbólica que operativa.

A pesar de su brevedad, el mensaje del exmandatario dejó definiciones claras sobre su mirada del momento político. Macri sostuvo que el PRO fue un actor clave en el respaldo inicial al gobierno de Javier Milei, pero subrayó que el desafío actual no se limita a iniciar el cambio, sino a consolidarlo: “Lo que se discute es si el cambio adquiere la suficiente fuerza para que el populismo no lo vuelva a destruir”, afirmó. Con esta frase, el expresidente buscó delimitar el rol de su espacio: acompañar el proceso, pero al mismo tiempo advertir sobre su fragilidad.

En ese marco, también expresó una preocupación recurrente en sus intervenciones recientes: el impacto de las tensiones internas dentro del oficialismo. “Si la energía se te va con la fisura interna, no podés llevar adelante el cambio”, advirtió, en una crítica implícita a las disputas dentro del Gobierno nacional. La frase sintetiza uno de los ejes centrales de su discurso: la necesidad de cohesión política como condición indispensable para sostener el rumbo económico.

El tono de Macri combinó, además, una mirada optimista sobre el clima político en Mendoza con una advertencia sobre las dificultades del proceso de transformación. “Se respira esperanza”, señaló al referirse a la provincia, pero inmediatamente matizó ese diagnóstico al reconocer que parte de la sociedad comienza a mostrar signos de desgaste: “Algunos argentinos empiezan a dudar, pero los cambios llevan tiempo”. La definición busca sostener la narrativa de gradualidad en los resultados, un concepto que también marcó su propia experiencia de gobierno.

La intervención incluyó también gestos de construcción política local. El exmandatario dedicó elogios explícitos a Allasino, a quien definió con un tono distendido como “una joya”, destacando su gestión municipal y alentándolo a sostener el rumbo. Este tipo de respaldos apunta a fortalecer liderazgos territoriales propios en un contexto donde el PRO enfrenta el desafío de redefinir su identidad frente al avance de La Libertad Avanza.

Más allá del acto público, la visita estuvo marcada por una intensa agenda de reuniones reservadas. Antes de su exposición, Macri mantuvo un encuentro con el intendente de la capital mendocina, Ulpiano Suarez, también en el Hilton, lo que refuerza los vínculos con el radicalismo local dentro del esquema político provincial. Posteriormente, se trasladó para reunirse en privado con el gobernador Alfredo Cornejo, uno de los principales aliados del oficialismo nacional, con quien compartió una cena antes de regresar a Buenos Aires.

Estos encuentros reflejan el doble objetivo de la visita: consolidar alianzas con dirigentes afines dentro de Juntos por el Cambio ampliado y, al mismo tiempo, posicionarse como interlocutor relevante frente al esquema político que lidera Milei. La articulación con Cornejo, en particular, adquiere relevancia en un contexto de reconfiguración de liderazgos dentro de la oposición tradicional.

Un dato político significativo de la jornada fue la cancelación de la conferencia de prensa que estaba prevista y había sido confirmada previamente. La decisión de evitar el contacto abierto con los medios limitó la posibilidad de ampliar definiciones sobre temas sensibles —como su eventual candidatura o su relación con el Gobierno— y refuerza la estrategia de exposición controlada que viene adoptando el expresidente en sus apariciones públicas recientes.

En conjunto, la visita de Macri a Mendoza dejó más preguntas que respuestas, pero permitió delinear su actual posicionamiento político. El líder del PRO busca mantener un delicado equilibrio: apoyar el rumbo del Gobierno sin diluir su identidad, advertir sobre los riesgos sin romper puentes y, sobre todo, construir una alternativa propia con vistas al futuro.

En un escenario político en plena transformación, donde el oficialismo libertario concentra la centralidad del poder, Macri intenta reinsertarse como un actor clave del sistema, recordando el capital político acumulado por su espacio y señalando que el proceso de cambio no puede depender exclusivamente de un solo liderazgo. Su paso por Mendoza, breve en términos de tiempo pero significativo en contenido, confirma que el reordenamiento del mapa político argentino ya comenzó y que la disputa por el rumbo del post-mileísmo empieza a tomar forma.

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