La comunidad católica de la Patagonia atraviesa horas de profundo pesar tras el fallecimiento de Monseñor Joaquín Gimeno Lahoz, una de las figuras más representativas de la Iglesia en la región, cuya labor pastoral dejó una huella imborrable a lo largo de varias décadas.
Nacido en La Mata de los Olmos, en la provincia de Teruel, España, en 1948, Gimeno Lahoz fue ordenado sacerdote en 1973. Precisamente, hace apenas dos días se habían cumplido 53 años de aquella ordenación que marcó el inicio de una vida dedicada al servicio religioso.
Su llegada a la Argentina se produjo en 1975. Primero desarrolló su ministerio en la diócesis de Azul, pero poco tiempo después decidió trasladarse a la Patagonia junto a otros sacerdotes, una región que eligió para vivir y donde desplegó gran parte de su tarea evangelizadora.
Con el paso de los años se convirtió en un referente espiritual para miles de fieles, destacándose por su cercanía con la gente, su humildad y su permanente compromiso con los sectores más vulnerables.
Su estado de salud comenzó a deteriorarse en 2014, cuando sufrió un infarto. Según se informó, desde noviembre del año pasado se encontraba con mayores limitaciones físicas y una movilidad reducida.
Monseñor Jorge Wagner lo recordó con especial afecto y destacó la influencia que tuvo en su vida pastoral. “Para mí fue muy importante. Su sabiduría, su consejo, su testimonio de vida, su entrega y su sencillez fueron fundamentales”, expresó.
Desde el Obispado de Comodoro Rivadavia se organizaron celebraciones religiosas para despedirlo y rendir homenaje a quien fue uno de los principales guías espirituales de la diócesis.
Sus restos descansarán en el cementerio local, en un panteón donado por una familia de Comodoro Rivadavia, donde fieles y allegados podrán acercarse a recordarlo.
La Iglesia patagónica despide así a un pastor que dedicó gran parte de su vida a acompañar a las comunidades de la región y cuyo legado permanecerá vigente en quienes compartieron su camino de fe y servicio.
