El proyecto de “shutdown” impulsado por el presidente Javier Milei busca implementar en Argentina un mecanismo similar al de Estados Unidos: paralizar y “apagar” gran parte de la administración pública una vez que se agoten los fondos asignados por el Presupuesto, eliminando la prórroga automática.
El funcionamiento consta en que si un área estatal consume su partida presupuestaria antes de fin de año, ya no podrá gastar ni operar hasta que el Congreso apruebe una ampliación, forzando la suspensión de empleos y el cese de funciones no esenciales.
El Gobierno le baja el tono al proyecto inspirado en el “shutdown” de Estados Unidos y apunta a concentrar sus esfuerzos legislativos en la reforma electoral y en la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central. En Nación reconocen que la iniciativa para limitar el gasto del Estado todavía no está materializada y admiten que probablemente “no salga” en esta etapa.
El Ejecutivo considera que no hay margen político suficiente para avanzar ahora con un esquema de ese tipo. En despachos oficiales sostienen que no ven capacidad de reunir consenso entre los bloques aliados y que la prioridad será ordenar las negociaciones sobre proyectos con mayor impacto inmediato para la agenda de Javier Milei.
La Casa Rosada había presentado el “shutdown” como parte del paquete fiscal e institucional que el Presidente quería impulsar para blindar el programa económico. Milei lo vinculó con la reforma del Banco Central, el mercado de capitales, Inocencia Fiscal y nuevas reglas fiscales, dentro de una agenda que definió como una reparación de “91 años” de política monetaria y fiscal.
En Balcarce 50, sin embargo, ahora lo ubican en otro plazo. “No está el texto final y tampoco hay mucho margen para tratar algo así”, expresan en Nación. La lectura interna es que una reforma de esa magnitud quedaría más asociada a un tratamiento amplio después de las elecciones, en caso de que el oficialismo gane el año que viene.
El Gobierno sostiene que el proyecto todavía está en una etapa preliminar. La idea original era incorporar una regla que impidiera sostener gastos por fuera del Presupuesto y que forzara una parálisis parcial de áreas no esenciales si no hubiera autorización legislativa para financiar el funcionamiento del Estado.
