La dolorosa eliminación de River en la Copa Sudamericana provocó el estallido de los hinchas en el Monumental. Minutos después de consumarse la derrota por penales, la desazón generó que un grupo de socios se manifestara en el hall central del estadio para descargar su bronca por el presente del equipo y exigir cambios drásticos en la conducción técnica.
El clima fue escalando a medida que los simpatizantes se congregaban cerca de los accesos principales. El estruendoso cántico de “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo…” retumbó con fuerza en las paredes del club.
Sin embargo, el reclamo no se limitó únicamente al repudio generalizado. En medio de los insultos y la recriminación por la falta de respuestas futbolísticas dentro de la cancha, la multitud unificó su voz para aclamar el regreso de Ramón Díaz, un ídolo de la casa. Cientos de hinchas entonaron cánticos pidiendo el retorno inmediato del “Pelado” para adueñarse del banco de suplentes y tomar la posta que actualmente ocupa Eduardo Coudet.
La figura del entrenador, cargada de gloria y finales ganadas en la historia de la institución, emerge una vez más como la máxima ilusión del hincha golpeado para encauzar el rumbo.
Mientras la seguridad del predio reforzaba los vallados y la calma retornaba lentamente al Monumental, la presión popular dejó un mensaje claro: la continuidad del ciclo de Eduardo Coudet atraviesa su momento más crítico.
