A sus 43 años, Laurel Hubbard era la competidora de mayor edad en la prueba de halterofilia de Tokio, en la que su inclusión había suscitado un intenso debate sobre la equidad para las mujeres, la identificación de género y la inclusividad.
Hubbard, quien nació hombre, retomó la halterofilia tras un largo periodo de ausencia del deporte. Era señalada como candidata a una medalla en Tokio tras haber ganado una plata en el campeonato mundial en 2017 y un oro en el campeonato de Oceanía en 2019.
Pero su participación terminó a los 10 minutos de su primer intento, sin lograr levantamientos en sus tres primeros esfuerzos. En el segundo intento superó la barra por encima de su cabeza y lo celebró con los puños cerrados en medio de una fuerte ovación antes de que el movimiento fuera declarado como no válido.
Hubbard no aceptó preguntas de los periodistas tras su salida, pero en breves comentarios agradeció a Japón y al Comité Olímpico Internacional (COI) por su papel en lo que, según ella, hace que el deporte sea accesible para todos.
“No soy del todo ajena a la controversia que rodea mi participación en estos Juegos”, dijo Hubbard. “Y como tal, me gustaría dar las gracias en particular al COI, porque creo que realmente afirma su compromiso con los principios del olimpismo y establece que el deporte es algo para todas las personas, que es inclusivo y es accesible”, aseguró.
