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Titulares

La famosa grieta y la mina

Por Emiliano Álvarez Raso*

Una de las características de los últimos años en la política y el debate público argentino lo constituyó la denominada “grieta”, que a groso modo significa que las opiniones se polarizan de un extremo a otro, y todo lo que venga de un lado es rechazado automáticamente por el otro y viceversa. El problema de la grieta, que no solo es un fenómeno local, sino que se manifiesta en el mundo, es que es muy difícil arribar a consensos, síntesis y acuerdos.

Algo similar ocurre con el debate sobre la explotación minera en la provincia de Chubut, una discusión que lleva muchos años pero que no ha logrado salir de la polarización de sus diferentes posturas. Ello ha llevado a la simplificación de un debate que es complejo, cambiante y que conlleva muchas aristas. Así como la minería no es una sola, tampoco lo son sus formas de explotación o sus aplicaciones tecnológicas. La experiencia nos muestra diferentes realidades, por ello el abordaje debe ser profesional, abierto y con rigor científico. La grieta además potencia la violencia, ya que se promueve no escuchar al otro, tan solo defender la propia postura. La pasión le gana a la razón y los extremos al equilibrio.

La democracia representativa establece que el pueblo delibera y gobierna a través de sus representantes, no se lo hace ni por la fuerza ni mucho menos por medios no pacíficos. Corresponde a las instituciones públicas ordenar y calificar la deliberación publica, bregando porque sea esta la más sensata, plural y tolerante. Soy de los que creen que la minería no es “per se” la salvación de la provincia, como también creo que el riesgo ambiental es gestionable en esta actividad como en otras.

Rechazar el desenvolvimiento de una cadena de valor completa, pone al debate público en un lugar muy primario; argumentos sobre riesgos y beneficios hay respecto de toda la economía.

Considero que la minería puede ser una actividad que dinamice el golpeado sector privado local, genere empleo y garantice divisas, algo central en la crisis recurrente argentina. Y los temores ambientales se enfrentan con controles adecuados, participación ciudadana y recursos tecnológicos. Lo que salvará a la provincia, en definitiva, es el respeto a la ley y la educación, como en cualquier lado. Ni el petróleo, la minería o la pesca lo harán por si solo.

Sin un programa la minería será otra quimera, con un programa de adecuada aplicación de sus beneficios la minería puede ser la fuente de financiamiento de polos turísticos, agroecológicos y de economía del conocimiento.

Chubut, una provincia que supo tener un talante progresista y desarrollista, hoy atraviesa una crisis institucional y económico social de magnitudes, con regiones donde la pobreza comienza a acercarse a la mitad de su población. Solo se podrá salir adelante generando riqueza y potenciando las exportaciones. Precondición de ello implica lograr elevar la discusión política, alejándose de los negros y blancos y promoviendo debates genuinos con los diferentes actores involucrados. La política debe promover que las diferentes expresiones puedan salir de las “trincheras” propias en aras de los denominadores comunes y así la actividad minera y el cuidado del medio ambiente pueden lograr saltar la grieta. La profundización de la misma solo nos llevara a una grieta que es más peligrosa y cada vez es más profunda: la del subdesarrollo y la falta de oportunidades.

*Abogado. Exdirector de Asuntos Políticos de la Secretaría General de la Presidencia de la Nación.

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