El gobernador, los principales intendentes de Chubut, el vicegobernador, legisladores provinciales y nacionales de todos los bloques, concejales, cámaras empresarias, jefes comunales, funcionarios provinciales y hasta vecinos sin participación en la vida política de la Provincia se expresaron en las redes sociales repudiando el desagradable escrache con Williams.
Mensajes de apoyo y respaldo, pero a su vez, condenando esta modalidad antiminera de escrachar y amenazar.
Los manifestantes que llegaron hasta la vivienda de Williams no eran más de seis. Empapelaron el exterior de la casa de un diputado identificado claramente en contra de la minería.
Le recriminaron un supuesto viaje a Buenos Aires en los días previo a la sesión en la que supuestamente – según la versiones de los ambientalistas – se trataría la zonificación minera.
También lo llamaron “traidor”, aunque terminó de irritarse cuando a su esposa – que estaba en el jardín interno de su propiedad tratando de poner paños fríos a la situación – la calificaron de “traidora”. Ese momento fue el más tenso y eso, también es lo que buscan estos sectores: Exhibir y ridiculizar a la clase política, exponerlos como intolerantes y agresivos.
Sin embargo, la clase política repudió enfáticamente el hecho y castigó discursivamente lo más profundo y sensible de estas prácticas habituales: Los escraches sin distinción política, la intimidación y el recordatorio de que están siendo vigilados.
UNA MODALIDAD HABITUAL
Días atrás, la diputada Tatiana Goic de Camioneros había denunciado en una sesión de Legislatura la recepción de mensajes amenazantes. “Que no vote la zonificación minera para evitar que corra sangre”.
En sintonía, salió el legislador Roddy Ingram, quien sufrió destrozos en su vivienda también por un grupo ambientalista-antiminero. Vidrios, vehículos y un portón fueron víctima de la intolerancia de sectores en contra el desarrollo minero.
El vicegobernador Ricardo Sastre; el intendente de Puerto Madryn, Gustavo Sastre; las diputadas Mariela Williams, Xenia Gabella, Gabriela de Lucía; Miguel Antín; Carlos Eliceche; Sebastián López; y Pablo Nouveau; fueron otros dirigentes que padecieron escraches.
Pero esta modalidad también se remonta a la Legislatura anterior, cuando los diputados tuvieron que tener seguridad en sus domicilios por amenazas que llegaban a sus celulares de antimineros.
El hecho más lamentable fue en marzo de este año, cuando el presidente de la Nación, Alberto Fernández, aterrizaba en Lago Puelo para seguir de cerca el impacto provocado por los incendios en la Comarca Andina, donde miles de familia perdieron todo y esperaban ayuda y empatía no solo de la clase política, sino de toda la sociedad.
Sin embargo, la visita presidencia duró apenas unos minutos como consecuencia del escrache y el ataque al Jefe de Estado de Argentina y su comitiva, entre la que se encontraban ministros y su esposa, Fabiola Yañez.

Un piedrazo a la trafic que transportaba al presidente no terminó en tragedia de casualidad. Causó temor la imagen que publicó días después el exvocero de Alberto Fernández, Juan Pablo Biondi, de la piedra reposada al lado de una lata de gaseosa sobre una pequeña mesa del vehículo. Entre las personas que afrontan una causa penal por ese hecho, había antimineros y la pareja de Facundo Jones Huala.
LA PEGATINA Y EL MAL MOMENTO
Los antimineros no distinguen color, partido político, ni nada. Y los ejemplos sobran para respaldar esta aseveración.
Lo padeció el diputado nacional kirchnerista, Santiago Igón, un dirigente claramente posicionado en contra de la actividad minera. Ahora lo vivió en carne propio el cuatro veces intendente de Esquel, Rafael Williams, otro político identificado con su oposición a la minería.
Williams estaba visiblemente exacerbado. Primero por la pegatina de afiches en su vivienda. Segundo, porque mientras los retiraba, tuvo que soportar agravios, chicanas y que le digan traidor a él y a su esposa.
Esa situación vulneró todos los límites. Insistimos, Williams siempre marcó una postura en contra de la minería, aunque aclararlo resulta incómodo, porque pareciera que, si el dirigente es prominero, merece ser escrachado.
La distinción está hecha para ratificar que un sector minúsculo del ambientalismo no distingue si es pro o antiminero, solo le alcanza con saber que ocupa una banca en la Cámara de Diputados y que ese sencillo acto representa una amenaza latente para este grupo.
Una aclaración importante y que vale ser destacada: Los violentos, los que ejecutan amenazas e intimidan son un grupo minúsculo. La mayoría de los ambientalistas discuten y defienden sus ideas discursivamente, con argumentos.
Lo inédito esta semana fue el “abrazo” que todo el arco político le dio a “Rafa” Williams por el escrache que vivió en su casa. El Frente de Todos, el PJ, el kirchnerismo, La Cámpora, el PRO, la UCR, el gobernador, el vicegobernador, intendentes, concejales, diputados y senadores nacionales, legisladores provinciales, empresarios, Cámaras de distintos sectores y hasta la misma sociedad repudió el hecho.
Nunca había ocurrido, por lo menos, no como un “todo”. En acontecimientos anteriores hubo solidaridad sectorizada. Si le sucedía a un prominero, aquellos dirigentes en contra de la actividad miraban para un costado. Y viceversa.
Esta vez, la dirigencia política generó un movimiento análogo y entendió que estos hechos no pueden ocurrir más.
