“En la vida hay muchas cosas que se pueden cambiar, menos la pasión”, relataba el actor Guillermo Francella en uno de los mejores guiones del cine argentino como es el Secreto de Tus Ojos.
La frase textual decía: “El tipo puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios, pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín, no puede cambiar de pasión”.
De esto sí sabe Valeria Currumil, quien vive en la aldea Cerro Cóndor a orillas del Río del Chubut.
“Es un sueño. En mi pueblo jugaba sola o con varones más grandes”, confesó Valeria en una entrevista que realizó TN. Y agrega: “Nací y me crié acá. Me fui dos veces: Una para hacer el secundario y la otra para estudiar la carrera. Pero volví porque amo a mi comunidad. No me imagino en otro lado”.


Con sus 40 años, no deja de alimentar su sueño y su pasión por jugar al fútbol. Todos los fines de semana recorre entre 600 y 800 kilómetros, dependiendo si Atlas juega de local o visitante.
El sacrificio es enorme, al igual que su tenacidad por seguir manteniendo viva la llama del fútbol. Una compañera que trabaja con ella en el centro de atención primaria de la aldea le cambia algunas guardias y francos para que Valeria puede viajar y estar presente con su equipo Atlas.
Pero Valeria ya está acostumbrada a las distancias. Su hijo, Ezequías, tiene 13 años y también está lejos: Cursa el nivel secundario en una escuela agrotécnica y vive en una residencia estudiantil en Trevelin.
“También viajo para verlo. Lo extraño un montón y quisiera tenerlo acá conmigo, pero no voy a impedir que se forme y cumpla su sueño, porque a mí nadie me lo impidió”, dice.
