“Todos los argentinos deberán someterse al aislamiento social, preventivo y obligatorio”, lanzaba Alberto Fernández el 19 de marzo de 2020 por la noche, sin que nadie sepa acabadamente se qué se trataba este virus, qué generaba y qué dimensiones tendría para la sociedad, la política y la economía.
Aquel anuncio inicial fue solo por 15 días, pero a medida que avanzaban las horas y los días, desde Casa Rosada sabían de que no iba a ser temporal y por escasos días.
Se fue prorrogando, las medidas se fueron endureciendo y las calles de cada rincón del país estuvieron desoladas. Mientras tanto, en el encierro extremo, especialistas, infectólogos y gurúes intentaban explicar algo que hasta ellos mismos desconocía: Un virus altamente contagioso, generado en un pueblo de China, que no conocía de límites.
En el medio, el Gobierno habilitó permisos de circulación para personal esencial: El país debía seguir funcionando, al menos con un grupo minúsculo para afrontar la pandemia. Personal sanitario, de seguridad, supermercados y farmacias fueron de las pocas excepciones para transitar y funcionar con precauciones.
La pandemia sirvió en el caso argentino para poner de pie un sistema sanitario totalmente desguazado que expuso la negligencia de los últimos gobiernos.
Se dotó de equipamiento, camas de terapia intensiva, respiradores, obras de ampliación, insumos y se destinó un presupuesto que nunca había tenido el sistema sanitario. Ayudo, mejoró, pero todavía no alcanzó.
En materia económicamente, el Gobierno Nacional puso a disposición todos los recursos que tenía a mano para enfrentar la pandemia.
Así, aparecieron la Tarjeta Alimentar, incrementos en la Asignación Universal por Hijo y Embarazo, el Ingreso Familiar de Emergencia, ayuda a los desempleados, créditos a tasas blandas para monotributistas, ATP para las empresas, Repro y diversas líneas de asistencia económica para todos.
“Nos estamos asegurando que toda persona que vive en la Argentina queda protegida en esta situación de crisis económica nacional y global”, sostuvo el ministro de Trabajo, Claudio Moroni al lanzar la iniciativa el 23 de marzo de 2020.
El Ingreso Familiar de Emergencia representó aproximadamente un desembolso durante toda la pandemia de 265.000 millones de pesos, un poco más que todo el presupuesto de Chubut para este 2021, que rondará en los $ 241.000, según las simulaciones que realizaron desde el búnker de Economía que lidera Oscar Antonena.
En simultáneo, algunas leyes ayudaron a generar algo de certidumbre en medio de una pandemia desconocida por todos: Se mantuvo la doble indemnización en caso de desvinculación laboral, y se incrementó un 50% el monto cargado en las Tarjetas Alimentar.
Algunas medidas que fueron aplicadas y no tuvieron efecto fueron la del programa de precios máximos, que buscaba congelar el valor de los productos, algo que falló rotundamente. Lo mismo ocurrió con el congelamiento de los alquileres.
GOLPE DURO A LA ECONOMÍA Y A LA PRODUCCIÓN
La pandemia provocó un “apagón” de los motores que empujan a la economía Argentina. Fábricas cerradas y, en algunos casos, funcionando a penas al 30 por ciento de su capacidad, generaron alerta.
La recaudación cayó drásticamente producto de todas las medidas que tuvo que aplicar la administración de Alberto Fernández por el stand by de las empresas.
Trabajadores con reducción de salarios como el caso de Aluar y las empresas petroleras en Chubut, por nombrar las más significativas.
El sistema que mueve la economía, tracciona, genera empleo, inversión y fondos para el Tesoro Nacional por exportaciones, estaba apagado y en terapia intensiva.
FLEXIBILIZACIÓN PAULATINA Y DESCONTROL EN LAS FIESTAS
Avanzado el año, en octubre (en algunos casos) y noviembre (la mayoría de las provincias y ciudades) fueron liberando lentamente el aislamiento para entrar en una nueva fase de distanciamiento.
Dos metros de distancia, uso de barbijo, alcohol en gel, ventilación de lugares cerrados e infinidades de recomendaciones dejaban a los ciudadanos en una posición de “responsabilidad individual”.
Esa conciencia individual fue respetada por una porción importante de la sociedad, opacada por sectores minúsculos que ponían en riesgo a todo el sistema.
La muerte del mejor jugador de todos los tiempos, Diego Armando Maradona, generó un descontrol: Amontonamiento de gente y miles de personas haciendo cola sin distanciamiento para despedirse del crack y de ese jugador que trascendía el deporte y nos representaba en cada rincón del mundo.
El mensaje de ese episodio fue ambiguo y generó malestar en la gente: Si podía ir a despedir a Maradona, porque ellos tenían que estar encerrados o bien limitarse solo por una hora para salir a caminar o a hacer las compras en el supermercado.
El tiempo pasó y llegaron las fiestas de fin de año, en donde regía una prohibición de hasta 10 personas como máximo para las reuniones familiares de Navidad y Año Nuevo.
Nada de eso ocurrió y los primeros días de enero Chubut y gran parte del país vio en números el descontrol de las fiestas, principalmente en los sectores adolescentes.
Más de 15.000 contagios por día y un promedio de 400 personas muertas por día fue el resultado de las fiestas de fin de año.
En febrero, el sistema sanitario se descomprimió y los casos bajaron. Pero también disminuyó por la menor cantidad de testeos realizados y por las primeras aplicaciones de las vacunas contra el Covid-19, que iniciaron entre Navidad y Año Nuevo.
LOS ERRORES
Uno de los principales errores del Gobierno y que costó la salida del ministro de Salud, Ginés González García, fue la aparición de privilegiados que se vacunaban a espaldas del pueblo y de una sociedad que estuvo encerrada casi un año a la espera de respuestas y a la aparición de antídotos contra el coronavirus.
Una lista de funcionarios, periodistas cercanos al Gobierno Nacional, personalidad reconocidas del espectáculo y hasta gremialistas, fueron inmunizados en “vacunatorios vip”, salteando la larga lista de inscriptos que esperaban y siguen esperando la vacuna contra el Covid-19.
Esta deformación y privilegio terminó de enterrar la confianza de la gente en un Gobierno que no hace pie desde hace 15 meses, en parte por la pandemia.
También hubo errores en la adquisición de vacunas, principalmente con las dosis chinas. Este retraso en el acuerdo se cargó al embajador argentino en China, quien fue reemplazado por Sabino Vaca Narvaja.
Por otra parte, el Gobierno tenía como objetivo central exhibir la imagen de los chicos volviendo a las aulas, un reclamo largamente exigido por familias y grupos de padres autoconvocados de todo el país.
El Gobierno se concentró en eso y buscó de todas las formas posibles que en los primeros días de marzo los chicos estén en las escuelas, con protocolos severos, sistemas bimodales en forma presencial y virtual. Se dio en medio de la aparición de la segunda ola que azota a países limítrofes de Argentina y ante la escasez de vacunas.
A un año del anuncio de Alberto Fernández decretando el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio, la Argentina y el mundo todavía no superó a este virus. Por el contrario, en los países de América del Sur ya se habla de la segunda ola y una muestra clara fue el mensaje que dio ayer el presidente de la Nación por cadena nacional, apelando a la responsabilidad individual.
