La venta del monumental cuadro arrancó en los 40 millones de dólares, pero tardó menos de 10 segundos en ascender a los 50 millones, el precio que Christie’s había estimado para la pieza, en una operación que se alargó después unos 10 minutos, cuando se desató una puja entre tres compradores telefónicos, que elevaron el precio de martillo hasta los 81 millones de dólares, una cifra que alcanzó los 93,1 millones al sumarle las tasas y comisiones.
De grandes dimensiones -casi un metro de ancho y cerca de metro noventa de alto-, se trata de un lienzo de fondo rojo vivo con una calavera con pinceladas azules, blancas y amarillas y un enorme ojo que mira fijamente al espectador.
El cuadro se convirtió en la segunda obra más cara de Basquiat vendida en una subasta, sólo por detrás de otra de las enormes calaveras del artista, Untitled (1982), que fue vendida en 2017 por u$S 110 millones en una subasta de Sotheby’s y que marcó un precio récord para una obra del estadounidense.
Basquiat encarna la idea romántica del artista cuya sensibilidad le impide sobrellevar la vida. A sus 22 años era considerado uno de los pintores más exitosos de los ochenta. Caminaba por Nueva York de la mano de Madonna, iba a comer con Andy Warhol y sus cuadros se vendían por entre 20.000 y 30.000 dólares. Pero la mezcla de la fama y la vida callejera resultó letal, y a los 27 años murió de una sobredosis de heroína.
