A finales del año pasado, Metadata reveló que el expediente original que pasó por varias manos está en la Biblioteca Popular Agustín Álvarez, que lo digitalizó para que todo el mundo pueda acceder a este documento histórico que reconstruye el secuestro de Ramos Otero cometido por bandoleros norteamericanos que frecuentaban a Butch Cassidy y Sundance Kid.
Una parte de la Historia con mayúsculas de Chubut se toca con la historia mínima familiar de los Ramos Otero, que después de un siglo buscan saber toda la verdad sobre la hija que el estanciero tuvo con la ama de llaves, y dio en crianza a una familia porteña, aunque al parecer seguía viéndola en secreto.
La bisnieta de Lucio Ramos Otero, María José Russo, quien vive en Tres de Febrero en la provincia de Buenos Aires, busca develar la verdadera identidad de su abuela fallecida, que es hija biológica de Lucio Ramos Otero, el estanciero que resignó una vida de privilegios y se instaló en Corcovado donde trabajó en el campo de su propiedad como un peón más.
María José Russo, quien hizo una exhaustiva investigación para reconstruir el árbol genealógico, contó a Metadata que en el expediente judicial habría una carta de la madre de su abuela, Celestina Figueroa, una mujer no aprobada por la familia de Lucio Ramos Otero con quien el estanciero habría huido y convivido hasta los últimos días.
Al parecer, el expediente dice que los secuestradores despojaron a Ramos Otero de un reloj, la letra del tango “La Morocha” y una carta que llevaba encima al momento en que fue captada. Para los familiares este detalle en apariencia insignificante puede llegar a alumbrar lo que Ramos Otero sentía por su compañera Celestina Figueroa. No es disparatado suponer que esa “morocha, gentil compañera del gaucho porteño”, como dice la letra de Ángel Villoldo, podría ser la enigmática mujer que dio origen a esta historia.
BALADA DEL AUSENTE
Los Ramos Otero, potentados terratenientes, vivieron en la zona sur de Buenos Aires hasta que la epidemia de la fiebre amarilla los arrastró al igual que a muchas otras familias acomodadas, a los barrios del norte.
Lucio Ramos Otero –“Don Lucio”- era el rebelde, el excéntrico, la oveja negra de la familia que no encajaba en la alta sociedad porteña, y se fue a vivir al sur donde simulaba que era un peón más porque renegaba de ser patrón de estancia.
Hay una foto familiar que lo pinta a Lucio Ramos Otero por la sencilla razón de que él no estuvo al momento de ser tomada. La madre, Emilia Noel, todos los años convocaba a los hermanos para tomarse la foto familiar, y (como era de esperar) Don Lucio se ausentó. Para repararlo, el fotógrafo recortó una imagen del hijo rebelde y la pegó en la foto familiar con la madre y el resto de los hermanos.

El otro dato que lo pinta al enigmático Ramos Otero, es que no hay ninguna prueba de que la familia haya pagado el rescate por su secuestro en Alto Río Pico. Muchos dudaban de que Don Lucio hubiera sido secuestrado y especularon que se trataba de un autosecuestro. Sospechaban que el estanciero intentaba persuadir a su familia para que le enviase dinero.
“NO SÉ SI PAGARÁN EL RESCATE”
El propio Ramos Otero le contó en una carta a un amigo, Alejandro Peckel, -la familia facilitó la transcripción a Metadata– que los captores le ordenaron que le haga llegar una carta de rescate a la madre en Buenos Aires pidiéndole 120.000 libras a cambio de su liberación. “Sí, señor yo haré lo que ustedes manden, pero yo no sé si mi madre querrá”, les contestó Ramos Otero a los captores, según consta en la correspondencia.
Ramos Otero consiguió escapar y cuando regresó a la estancia tuvo que convencer a las autoridades de que era verdad que había sido capturado. “Aún me hace sufrir oyendo de mis peones todo lo que ha hecho la Policía, el comisario Dreyer hablando infamias mías, amurando a los principales peones con el Winchester al pecho para que declaren adonde está el loco Don Lucio, que debe a todo el mundo, que tiene todos sus campos hipotecados, que ha pedido dinero a su madre y ésta no le quiere dar y que por eso me he mandado mudar sin decir a nadie nada”,le confía el estanciero a su amigo Pecker.

Ramos Otero desaparece de Chubut y nunca más se sabe de él, aunque va dejando pequeños rastros en el camino.
DOBLE IDENTIDAD
La mujer de Lucio Ramos Otero dio a luz en 1922 en Barracas a una niña a la que llamaron Delia Esther Ramos Otero, y la dieron en crianza a la partera que le cambió la identidad. La hija de Ramos Otero pasa a llamarse Raquel Angélica Reccia, y crece con la familia adoptiva que llega a tener una de las fábricas de ataúdes más importantes de Buenos Aires, según contó la bisnieta.
Ramos Otero desaparece con su amada, pero todo indica que cada tanto regresa a Buenos Aires para ver a su hija como si fuera un fantasma. Según María José Russo, cuando su abuela era una niña, cada tanto la vestían con “ropa elegante” y un hombre llegaba a visitarla, que suponen que era el mismo Lucio Ramos Otero, aunque ella no lo sabía. Los vecinos cada tanto veían llegar limusinas a la casa donde vivía la niña, según pudo reconstruir la familia.
En el año 1946, dice María José, su abuela viaja a Mar del Plata donde se presenta la madre biológica en una escribanía y le revela que Ramos Otero antes de morir le había pedido que fuera a buscar a su hija y le dijera toda la verdad.
La madre le cuenta que ella siempre estuvo al lado de Lucio Ramos Otero, quien había fallecido en Santa Fé en 1946, y le entrega las llaves del mausoleo en el Cementerio de la Recoleta donde hoy descansan sus restos.
Según la bisnieta, María José Russo, Don Lucio además de una hija presuntamente tuvo un hijo con Celestina Figueroa del que se sabe poco y nada.
Al día de hoy no se sabe con certeza dónde y con quién anduvo Ramos Otero después de que logró escaparse de sus captores en Chubut, y la familia aún conserva la esperanza de que el expediente que está en Trelew pueda arrojar luz a este enigma.
