La jefa del bloque libertario buscará acercar posiciones con el ministro de Desregulación y con la secretaria de Legal y Técnica, María Ibarzabal. En el Gobierno aseguran que el funcionario llegó a plantear que impulsaría un veto si el proyecto avanzaba con modificaciones que no compartía.
El Gobierno busca recomponer la estrategia para aprobar la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada después del traspié que sufrió la semana pasada en el Senado. En la Casa Rosada aseguran que Patricia Bullrich se reunirá con el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, para revisar el proyecto y acercar posiciones de cara a una nueva sesión prevista para el 6 de agosto.
Del encuentro también participará la secretaria de Legal y Técnica, María Ibarzabal, que en Balcarce 50 quedó a cargo de ordenar las diferencias técnicas y políticas que terminaron trabando la iniciativa. El objetivo es consensuar una versión definitiva del texto antes de retomar las negociaciones con los bloques dialoguistas.
En el Ejecutivo reconocen que la relación entre Bullrich y Sturzenegger quedó tensionada después de las sucesivas modificaciones que sufrió el proyecto. La iniciativa acumuló múltiples borradores y cambios de último momento mientras el oficialismo intentaba reunir los votos necesarios para aprobarla en la Cámara alta.
En Nación sostienen que el ministro llegó incluso a advertir que impulsaría un veto presidencial si el Congreso aprobaba una versión que se apartara de los lineamientos originales impulsados por su cartera. En el entorno de Bullrich, en cambio, atribuyen el fracaso parlamentario justamente a esas diferencias de último momento y aseguran que el propio Sturzenegger fue quien objetó la redacción final cuando el oficialismo daba por encaminada la votación.
La Casa Rosada intenta ahora cerrar esa discusión puertas adentro. La participación de Ibarzabal responde a la necesidad de evitar nuevas diferencias jurídicas sobre un proyecto que modificó más de una decena de veces su redacción desde que obtuvo dictamen y que terminó exponiendo descoordinaciones entre las áreas técnicas y políticas del Gobierno.
El traspié en el Senado también dejó consecuencias en la estrategia parlamentaria del oficialismo. En Balcarce 50 comenzaron a revisar la decisión de enviar los proyectos más sensibles primero a la Cámara alta, una lógica pensada para negociar directamente con los senadores alineados con los gobernadores y luego girarlos a Diputados con media sanción.
