Eran de goma e inflables, simulaban los ideales estéticos del nazismo y servían para evitar que los soldados contrajeran enfermedades venéreas.
El proyecto nació cuando Heinrich Himmler le escribió un informe el 20 de noviembre de 1940 indicándole que la Wehrmacht había sufrido en Francia enormes pérdidas debido a la sífilis transmitida por prostitutas francesas.
“El mayor peligro en París son las prostitutas abiertas e incontroladas, escogidas por los soldados en bares, salones de baile y otros lugares. Es nuestro deber impedir que los nuestros soldados arriesguen su salud sólo por una aventura rápida”.
Con ayuda de un especializado equipo de médicos y psiquiatras, Hitler mandó a hacer un prototipo de lo que él consideraba una “mujer ideal” para que cada soldado llevara en su mochila una de ellas.
EL HORROR DE “LA MUJER IDEAL”
El médico Olen Hanussen encargado en jefe del proyecto determinó que la muñeca debía medir 1,76 metros (tras descartar otros dos prototipos de 1,68 y 1,82 metros), tener el pelo rubio y ojos azules. Los labios eran gruesos y grandes, al igual que sus senos. Los brazos y las piernas eran largos, su vientre plano y el ombligo delicado.
Rudolf Chargeheimer, un famoso psiquiatra de la época determinó que los soldados debían sentir el acto sexual lo más realista posible. Por eso las muñecas fueron diseñadas con piel suave al tacto, gran flexibilidad y partes íntimas exageradamente detalladas.
El propósito no “era sustituir a la honorable madre que espera en el hogar. Cuando el soldado haga el amor con Borghild no debe haber nada de amor solo sexo”.
Los científicos alemanes probaron con distintos moldes corporales. Mandaron a llamar a atletas y actrices para que prestaran su figura. El fin era combinar sus mejores características para llegar a la perfección física.
La versión más fidedigna indica que la actriz húngara Käthe von Nagy fue contactada para que el proyecto se inspirara en su perfecta belleza pero esta declaró a posteriori que se habría negado.
Fuente: Clarín
