Así como con las restricciones de circulación nocturna, que funcionan como una recomendación para los gobernadores, quienes definen finalmente de qué modo se implementarán en cada distrito, Trotta explicó a La Nación que “hay pautas nacionales para la vuelta a clases, pero las decisiones de cada regreso las tienen las diferentes jurisdicciones”.
En 2020, muchas regiones del país que no tenían circulación comunitaria de coronavirus perdieron casi un año de clases presenciales, porque la indicación del Ministerio de Educación de la Nación fue suspender las actividades en todas las instituciones académicas, sin importar la situación epidemiológica.
A partir de la experiencia, que alejó a muchos estudiantes del acceso a la educación por la falta de recursos para garantizar la enseñanza virtual, Trotta argumentó que se trató de una enseñanza: “Para nosotros es importante entender que muchas de las decisiones de 2020 son parte de la evidencia del marco de la pandemia e implican un aprendizaje”.
Para evitar cerrar escuelas donde no hay riesgo de contagio de coronavirus, el plan del Gobierno es adecuar una modalidad particular de clases que se adapte a cada situación epidemiológica del país. Sin embargo, según el ministro, el objetivo es “construir consensos en las 24 jurisdicciones para promover la presencialidad a partir de distintos esquemas de presencialidad creciente”. Desde el Gobierno esperan unificar las posturas para garantizar la presencialidad.
“Si tenemos realidades diferentes, tenemos que dar respuestas distintas. A la diversidad de realidades le respondemos con abordajes distintos. En aquellos lugares donde la realidad epidemiológica sea óptima vamos a intensificar la presencialidad”, sostuvo Trotta.
