El milagroso búnker argentino ya dejó atrás los festejos por la agónica victoria ante Egipto y puso la mira en el próximo paso hacia la gloria. Suiza será el rival de la Selección Argentina en los cuartos de final de la Copa del Mundo, luego de sellar su clasificación en una dramática definición por penales frente a Colombia.
Lejos de las luces de las grandes potencias tradicionales, el conjunto helvético se presenta como un examen de altísima exigencia táctica que obligará al equipo nacional a no repetir los errores.
Si algo caracteriza a este seleccionado suizo es su rigurosidad táctica. Es un equipo que rara vez se desborda o pierde la compostura, independientemente de cómo sea el resultado.
Su principal fortaleza radica en la solidez del bloque defensivo y en una notable capacidad para presionar en la zona media y salir con transiciones rápidas y directas.
Además, demostraron tener una mentalidad de hierro: no les pesó la presión ante Colombia y supieron manejar los tiempos de un partido físico y desgastante para terminar llevándoselo en la tanda desde los doce pasos.
RETROCESO LENTO
A pesar de su consistencia, Suiza no es un equipo invencible. Su principal déficit asoma cuando se ve obligado a asumir el protagonismo absoluto del juego; ante defensas cerradas, a menudo carece de la creatividad o el cambio de ritmo necesario para romper líneas, volviéndose un equipo predecible.
Por otro lado, si Argentina logra saltar la primera línea de presión con pases punzantes de mitad de cancha hacia adelante, los marcadores centrales helvéticos suelen sufrir las espaldas en velocidad, un factor clave que los veloces atacantes de la Scaloneta podrían explotar.
LOS PRINCIPALES NOMBRES POR LÍNEA
El cerrojo bajo los tres palos: Su arquero, Gregor Kobel, es una de las grandes figuras del certamen. Experto en penales y con un notable juego de pies, es el verdadero líder espiritual desde el fondo.
El termómetro del mediocampo: el capitán y estratega suizo, Granit Xhaka, maneja los hilos del equipo con una precisión quirúrgica. Su capacidad para cortar, distribuir y ordenar a sus compañeros lo convierte en el futbolista a presionar para cortarle los circuitos al rival.
La amenaza ofensiva: su centrodelantero, Breel Embolo, es una pesadilla para los defensores por su potencia física y su facilidad para jugar de espalda. Una referencia de área que exigirá la máxima concentración de la zaga central argentina.
