La estancia San Pablo, ubicada en Chubut, estuvo dedicada durante muchas décadas a la ganadería ovina y también contaba con caballos. Sin embargo, con el paso del tiempo sufrió una impactante transformación, convirtiéndose en un área dedicada a la protección de la naturaleza.
Ubicado en el sudoeste de la Península Valdés, en la costa del Golfo Nuevo, el terreno tiene 7360 hectáreas y, antes de su transformación, llegó a tener unas 3.500 ovejas. En la actualidad, es un área protegida con más de 3.000 guanacos.
LA TRANSFORMACIÓN
En 2004, la Fundación Vida Silvestre Argentina adquirió la estancia y, en julio de 2005, retiró todo el ganado ovino y equino. A partir de este cambio, se creó la Reserva de Vida Silvestre San Pablo de Valdés, con el objetivo de proteger la flora y la fauna del entorno.
Las construcciones del casco antiguo de la finca fueron adaptadas a la nueva función del predio. Parte del galpón y de la cocina de esquila se transformó en una estación de campo enfocada en el trabajo de investigación del entorno.
Gracias a la salida de las ovejas, distintos tipos de semillas que permanecían en la tierra comenzaron a germinar y, con el paso del tiempo, aumentaron la cobertura vegetal y la diversidad de los pastos.
EL AUMENTO DE LA POBLACIÓN DE GUANACOS
En el primer relevamiento, se registró que en el terreno había apenas 300 guanacos. Según la fundación, con el paso del tiempo la cifra superó los 3.000 animales, gracias a la reproducción y al ingreso de ejemplares de campos vecinos.
Además, el retiro del ganado y la disminución de la caza proporcionaron un entorno apto que facilitó el incremento de los ejemplares. Como si fuera poco, la presencia de hembras reproductoras y una mayor disponibilidad de alimento favorecieron el aumento poblacional.

Más allá de los guanacos, el terreno cuenta con choiques, maras y zorros. También hay más de 60 especies de aves distintas, características de la estepa patagónica, bioma que busca proteger la organización.
De esta manera, una antigua estancia ganadera con ovejas y caballos se transformó en un lugar clave para conservar la biodiversidad y estudiar la recuperación de los distintos ecosistemas patagónicos presentes en Península Valdés.
