Saavedra declaró ante el juez Gustavo Castro, pero no aceptó preguntas ni de la fiscalía ni tampoco de la querella privada, quien representa en este juicio a Marianella Castillo, dueña de la perra llamada Tita, la que murió a causa de un disparo de arma de fuego efectuado por el policía con su arma reglamentaria.
A primera hora de la mañana declaró una médica que dijo conocer al imputado por su condición de bombero y policía, a quien vio cuando concurría a hacerse una placa tras recibir las primeras curaciones por la mordedura de la perra.
LA VERSIÓN DEL IMPUTADO
El policía por su parte indicó que aquel día concurrió al lugar donde ocurrieron los hechos en un horario que superaba su turno, ante el requerimiento del encargado. “Mucho se dijo que yo me excedí y es cierto, lo primero en lo que me excedí fue en mi horario” aseguró Saavedra ante las partes.
Explicó que junto con el Sargento Pala y otro policía concurrieron a un predio ubicado a pocos metros de la casa donde estaba la perra pues habían recibido un aviso de que había un grupo de trabajadores de la construcción en el lugar y que por aquel entonces estaban vedadas tales actividades en virtud de las disposiciones sanitarias que regían por la cuarentena.
Relató que al llegar al lugar observó como una perra se acercó a su compañero. Dijo que se trataba de “una perra de tamaño mediano, negra, pero de contextura grande, tratando de atacar al hombre” y que después se aproximó hasta donde estaba él “de forma agresiva, violenta, nunca había visto algo así, le salía como baba de la boca”.
El policía indicó que primero agarró una piedra para defenderse y que, tras ser mordido por el animal, el mismo no cesaba en su actitud, por lo que le pidió al dueño de la perra que la sacara del lugar, pero el mismo no pudo sujetarla.
En ese contexto es que Saavedra explicó que sacó su arma y la cargó con el fin de efectuar un disparo hacia el piso y espantar al can, pero con tanta mala suerte que “el animal saltó y le pegó la bala”, expresó, tras lo cual afirmó que nunca fue su intención matar al animal, sino asustarlo. También contó que en ese momento no llevaba ni el bastón tonfa ni su chaleco para repeler el ataque y no usar su arma.
“Después de eso estuve cuatro días sin dormir, sin poder hablarle a mis hijos”, dijo el imputado, invocando además que se ha mantenido hasta ahora por su fe religiosa.
