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Titulares

EXCLUSIVO DE METADATA

El bar de Camarones que se lo timbearon y un vasco se lo llevó a la rastra con camiones

La increíble historia de la pulpería de Camarones cuyo propietario la perdió por completo una noche de mala racha jugando a las cartas. En las primeras décadas del siglo pasado, el local fue levantado y llevado en camiones sobre unos postes de telégrafo hasta donde estaba emplazado el Hotel España. Hoy es el restaurante y cafetería “Alma Patagónica”, que conserva intacta la esencia del lugar en la esquina céntrica del pueblo.

Ya casi nadie recuerda en Camarones a aquel hombre que tenía una pulpería entre los años ‘20 y ‘30, donde ahora están la Municipalidad y el Banco Chubut, y la dilapidó una noche de timba. Nadie sabe qué bebida habrá tomado, ni las circunstancias ni las razones que lo llevaron al hombre a jugarse la pulpería entera –con la barra y todo, exageran algunos-, donde los hombres de campo iban a jugar a las cartas después de una larga jornada de trabajo.

“Llevátela si podés”, lo desafió el hombre del que nunca se supo más nada a Antonio Morán, que esa noche jugó fuerte y se llevó la grande. El hombre lo dijo al pasar, resignado, enojado quizás por la mala fortuna que venía arrastrando. Se supone que Morán era el propietario del Hotel España, y por eso atinó a quedarse con la pulpería. Nadie esa noche de alcohol y de apuestas se imaginó que la cosa iba en serio. O quizá sí.

Cuando un hombre anda de mala racha, todo lo que hace solo empeora las cosas. Como las lluvias que se hacen esperar en el campo. La cosa es que era una apuesta y no había vuelta atrás: el hombre tenía que cumplirla. La mala suerte quiso que en el pueblo hubiera un vasco que se ofreció a arrastrar la pulpería las tres cuadras que la separaban del Hotel España.

“Alma Patagónica”, el pintoresco restaurante que conserva la esencia del lugar.

El vasco Elgorriaga –cuentan algunos- era terco y obstinado, como buen vasco, y una construcción de zinc y madera desmontable no le iba a ganar justo a él. Si los pioneros habían traído esa casa de zinc en barco desde Inglaterra, ¿por qué un vasco no iba a poder arrastrarla varias cuadras hasta donde estaba el Hotel España en pleno centro?, decían los lugareños. Y no se equivocaron.

Antonio Morán y otros pobladores –los recuerdos son vagos e imprecisos- cargaron las partes de la construcción de zinc sobre postes de telégrafo –los registros históricos  hablan de palmeras-, y el vasco Elgorriaga los encinchó y comenzó a arrastrarlos con sus camiones. La pulpería se movió de ahí donde está ahora la Municipalidad, y cuentan que el hombre miraba cómo se la sacaban de las manos sin poder hacer nada.

La picardía no era que el hombre se resistiera a entregar la pulpería –en esa época las apuestas se cumplían, la palabra tenía otro valor-, ni cómo iban a hacer para llevarla hasta donde estaba el Hotel España. El conflicto era que los amigos tenían que seguir juntándose a timbear, y no podían cerrar la pulpería.

Entre las décadas del ´20 y ́30, refieren algunas voces imprecisas, había tres o cuatro bares en Camarones donde los paisanos iban con cuchillo, dejaban atado el caballo en un palenque, y tomaban algo para olvidarse de la ardua jornada de trabajo. A esta altura del relato, se pierden las razones por las cuáles los amigos no se juntaron en las otras pulperías -todas quedaban más o menos cerca-.

La placa histórica refiere que el edificio fue trasladado sobre palmeras con camiones.

Al parecer los hombres no podían esperar dos o tres noches sin jugar a las cartas hasta que el vasco llevara a tiro la casa. Elgorriaga y sus hombres, dicen en el pueblo, hicieron unas cuantas paradas antes de llegar con la pulpería desarmada al Hotel España. No hay registros de lo que ocurrió esas dos o tres noches –el trayecto era de unos 300 metros, según las fuentes- en que la pulpería se encontraba a medio camino entre ambos destinos.

Esas noches de desvelo los hombres volvían a juntarse en el bar –que se suponía ya era de Morán- y seguían apostando fuerte. Nunca más se supo si el hombre que perdió la pulpería y desapareció del pueblo, intentó recuperarla. A juzgar por los hechos, el hombre debió haber prolongado su mala racha, si es que alguna de esas noches soñó con volver a tener el bar.

La pulpería llegó puntual a destino como los trenes ingleses, y fue encastrada en el Hotel España, donde permanece hasta hoy. Ese hotel, uno de los primeros que levantaron en Camarones, tuvo diversos propietarios durante el siglo pasado; los últimos fueron la familia Cancela, cuyos hijos todavía siguen yendo a tomar algo a la vieja pulpería, que hoy es el restaurant y cafetería “Alma Patagónica”.

CON ALMA PATAGÓNICA

La propietaria de Alma Patagónica, Mara Capdevila, es una referente del sector turístico de Camarones, quien se empeñó en conservar la esencia del lugar que remonta a esa historia increíble pero real.

Capdevila descubrió la pulpería hablando con los antiguos pobladores e hizo realidad su sueño de instalar un restaurante y cafetería con color local, que rinde homenaje a la historia de Camarones. De hecho, en el lugar se puede ver cómo la pulpería fue encastrada en el hotel en aquella odisea de los jugadores.

Mara Capdevila, propietaria de “Alma Patagónica”.

Desde el nombre “Alma Patagónica” fue pensado como un lugar tradicional en la esquina céntrica del pueblo, que reúne los tres signos identitarios de Camarones: “alma tehuelche, alma rural y alma marina”, en palabras de Capdevila.

El lugar tiene murales que describen escenas características de la vida de los pobladores, que fueron pintados por artistas de Camarones y de la provincia de Salta. 

La antigua construcción de zinc y machimbre, que data de principios del siglo XX, conserva aún el calor y se mantiene firme en pie como ninguna otra construcción moderna, refieren los pobladores.

Para agrandar el mito, dicen en el pueblo, los apostadores lograron esa noche  lo que no pudo hacer el Gobierno Nacional en la primera década del siglo pasado, cuando decretó el desalojo de las construcciones que estaban emplazadas cerca de la primera línea de mareas, y debió dar marcha atrás en los años 20 debido al perjuicio que esto le provocaría a los comerciantes.

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