Chubut deberá seguir prendiéndole velas a las regalías hidrocarburíferas, pero en particular a los yacimientos de la Cuenca del Golfo San Jorge, cada vez más exigidos y estrujados.
Desde hoy y durante 10 años, el sector petrolero “no podrá relajarse” o como en una relación sentimental “no podrá tomarse un tiempo”. Ese silogismo, deducción o razonamiento estará desterrado en Chubut, al menos, por una década.
Pero la imposibilidad de relajamiento (término muy utilizado desde marzo de 2020) por sí solo no alcanzará.
Los yacimientos y las operadoras podrán dar lo mejor, invertir, elevar la producción, generar empleo y generar un “shock” en el sector petrolero, pero Chubut también deberá prenderle velas al mercado mundial y a esas variables exógenas tan impredecibles que ya sacudieron a la Provincia durante 2020 y en años anteriores donde el precio del barril perforó el piso de los u$s 30 dólares y hasta estuvo a punto de romper la barrera de los u$s 20.
Chubut ya le debe a cada santo una vela. Pero las exóticas complejidades no se terminan en una renegociación de deuda, que traerá alivio para la administración de Mariano Arcioni y presión para los dos próximos gobernadores de Chubut, especialmente para quien lidere los destinos entre 2023 y 2027.
Los dirigentes y la clase política que miran de reojo el 2023, también prenden velas para que durante estos tres años de Gobierno que restan, Arcioni y su equipo económico no comentan más yerros como el de las negociaciones paritarias con cláusula gatillo del 2019.
Los candidatos del oficialismo y la oposición también armarán un santuario para que el gobierno provincial pode y ponga un freno a las colocaciones de Letras del Tesoro, instrumento que se erigió como política monetaria desde la llegada de Oscar Antonena al Ministerio de Economía.
Es cierto, que Antonena llegó a la cartera económica con la Provincia incendiada, como consecuencia de los aumentos salariales que otorgó Arcioni un mes antes de las elecciones que definirían el futuro de Chubut durante los próximos cuatro años, con deuda a los proveedores del Estado y con una administración lisa y llanamente paralizada.
También prenderán velas para que la administración de Arcioni cierre el grifo a los endeudamientos con el Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial y para que el déficit fiscal, al menos, sea de 10 dígitos y no de 11.
Para el actual Gobierno de Chubut, el acuerdo con los bonistas es óptimo: Blindarán la fuga de u$s 169 millones en los próximos tres años, generando oxígeno para las arcas provinciales. En simultáneo, el Ejecutivo puso en marcha una serie de medidas concernientes a “liberar” la recaudación con mayor presión y persecución y así robustecer los ingresos para los próximos años.
Sin embargo, todo el peso de la “ley” recaerá sobre el próximo gobernador de Chubut, que asumirá con un santuario repleto de velas en Fontana 50 para que las regalías vuelen, los conflictos multilaterales entre países petroleros no existan y el déficit fiscal sea “controlable”.
Por estos motivos, la clase política con intenciones de llegar al sillón de Fontana 50 en 2023 le prende velas a Arcioni. Esa imagen se confecciona como una rareza, pero los intereses políticos y económicos lo hacen posible.

Muy buen aporte. Gracias por compartirlo.
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