De acuerdo a los datos brindados por la Asociación Argentina de Lucha contra el Cibercrimen (AALCC), las denuncias por delitos informáticos aumentaron el 61,1% en comparación con 2019.
De esta manera, de 971 casos de estafas virtuales, robo de datos y extorsiones en 2019, la cifra se multiplicó en 2020 para establecerse en 1.569.
Las estadísticas fueron elaboradas en base a las consultas que recibe la institución. Es apenas una muestra de lo que sucede en un universo donde la mayoría de los hechos no son denunciados.
El fraude fue la modalidad que más creció entre 2019 y 2020, con un alza del 116%, según se desprende del informe de la AALCC.
Las metodologías usadas por los estafadores virtuales fueron categorizadas como “phishing bancario”, “phishing con tarjeta de crédito”, “compras en portales no validados”, “compras a través redes sociales” y “compras/validaciones de datos telefónicas”. En total recibieron 284 consultas cuando un año antes habían sido 131.
“En 2020 vimos estafas con mensajes falsos de Anses, Netflix y redes sociales. Pero los que se hacían pasar por bancos fueron quizás los más comunes. Incluso hemos visto mails usando el nombre y el logo de bancos locales que no están en otra parte del mundo. Por lo que suponemos que ya hay una mano de obra local”, dijo a Clarín Diego Migliorisi, abogado especialista en cibercrimen y vicepresidente de la AALCC.
Entre las estafas más comunes del año pasado es la del homebanking. Cuando un cliente quiere operar con su celular a través del homebanking, en algún momento de la operación tiene un inconveniente y es ahí donde operan estas bandas. El cliente busca la cuenta de su banco en las redes sociales para pedir ayuda y lo primero que encuentra a mano es la última publicación y entonces deja allí un comentario para que lo contacten.
Ese mensaje, público y visible para cualquiera, termina siendo la ventana que aprovechan los estafadores para entrar: a los pocos minutos, el cliente recibe un mensaje privado en su perfil de red social en el que una persona se presenta como representante de atención al público y le pide sus datos personales. Cuando la víctima los entrega, los delincuentes tienen la estafa servida en bandeja: entran al homebanking y le vacían la cuenta. Delito consumado.
“El método es cada vez más inteligente. Como la mayoría accede a través del celular, te mandan el link y te redirige a una página responsive para navegar con el teléfono. La persona no ve bien la dirección URL a la que está entrando y ahí directamente completan los datos. Así es como se inicia el proceso del fraude”, explicó Migliorisi.
